viernes, 30 de septiembre de 2016

Norman Whiteside, el norirlandés que superó a Pelé

Pocas personas en España se acordarán de Norman Whiteside. El futbolista norirlandés, en cambio, nunca olvidará su paso por España en el verano de 1982, cuando participó en la duodécima edición de la Copa del Mundo de fútbol.

La carrera deportiva de Whiteside fue demasiado corta, casi sin tiempo para dejar huella, pero en cambio su debut en los Mundiales fue tan impactante que ha pasado a los libros de historia, superando incluso a uno de los mayores iconos de todos los tiempos, a Pelé.


El Manchester United se adelantó, al principio de la década de los ochenta, a las intenciones de Liverpool e Ipswich Town de hacerse con un joven futbolista de Belfast cuya fama crecía, entre otras cosas. por haber llegado a anotar diez dianas en un partido juvenil ante un rival que casi le doblaban en edad.

Norman Whiteside, foto propiedad del usuario apasciuto de Wikimedia

La sombra de Best
El ojeador Bob Bishop, quien previamente había descubierto al mayor mito norirlandés del fútbol George Best, fue el responsable de llevar a Whiteside al United, club del que eran seguidores tanto él como su familia.

Whiteside siempre trató de quitarse la presión de ser comparado con Best, quien había dejado el club de los 'diablos rojos' en 1974 como una auténtica leyenda.

"La única cosa que tengo en común con George Best es que venimos del mismo lugar, el juego en el mismo club y fuimos descubiertos por el mismo hombre", un mensaje que no dejaba de repetir desde 1984, sintiendo la sombra de George Best planeando sobre su cabeza, máxime ahora que defendía también los colores del Manchester United.

Estatua en Mánchester con las tres leyendas del United: George Best, Denis Law y Bobby Charlton
El revienta récords
A pesar de los problemas físicos de Whiteside, iniciados con una lesión que arrastraba desde los 15 años y que seguía dejando secuelas, el joven delantero iba poco a poco superando registros de precocidad.

Whiteside no paraba de pulverizar registros en 1982. En abril se convirtió en el futbolista más joven en participar en el primer equipo del United, relevando a Duncan Edwards, el gran referente que había fallecido en el accidente aéreo de Múnich en 1958 y que ostentaba la marca desde 1953.  

Con 17 años rubricaba su primer contrato profesional con la entidad mancuniana por tres temporadas, refrendando su cartel de gran promesa con un gol ocho días más tarde de la firma, transformándose en el goleador más precoz de la historia del United. Pero todavía había más, el atacante irlandés pasaba de disputar la final de la F.A. Cup juvenil en aquel inolvidable 1982 a ser llamado por la selección absoluta de Irlanda del Norte.

El seleccionador Billy Bingham lo tuvo claro y contó con Whiteside en la convocatoria para el Mundial de España, pese a tener una corta carrera a su espalda de tan solo un par de partidos al máximo nivel.


Whiteside supera a Pelé en Zaragoza

El 17 de junio de 1982, Irlanda del Norte iniciaba su participación en su segundo mundial con el imberbe Whiteside como titular. El delantero del United, cuyo aspecto parecía el de un jugador más maduro, portaba el número 16 en el dorsal, casi la edad que tenía en su carné.

Irlanda del Norte empataba con Yugoslavia sin goles en La Romareda de Zaragoza, en un partido que pasaba a la historia porque Whiteside, a sus 17 años, 1 mes y 10 días, rebajaba la plusmarca que había dejado Pelé en 1958, cuando se estrenó en la Copa del Mundo con 17 años y 7 meses.


El prometedor papel de Irlanda del Norte en el Mundial de España se vio frenado en la segunda fase, donde empataban con Austria (2-2) y perdían con Francia (1-4).

La carrera deportiva de Whiteside desgraciadamente tomó un rumbo similar al de su selección en 1982. La gran esperanza del United cumplió a medias con su cometido. Whiteside se trataba de un delantero con escasa velocidad pero con gran manejo de pelota, lo que le llevó al centro del campo en sus últimos días, que se desenvolvía bien en espacios pequeños y que podía culminar las jugadas tanto dentro del área como con su certero golpeo desde el exterior, no muy potente pero sí colocado.

El atacante vistió la camiseta del United desde 1981-89, en una de las etapas más grises en cuanto a títulos de los 'red devils', la cual cambiaría de signo con la llegada de Ferguson a Old Trafford en 1986.  Ese mismo año, en México y con Argelia como rival, Whiteside lograba el primer tanto de su Selección en el Mundial, engordando sus datos personales.


Toda la premura que marcó su vida profesional en el debut también estuvo presente en su precipitada despedida. Los problemas en la rodilla derecha que lastraba desde los 15 años hicieron que el ya jugador del Everton colgara las botas con poco más de 26 años. De este modo tan brusco se cortaba el sueño futbolístico de Whiteside. El hombre que fue comparado en sus primeros momentos con George Best y que terminó superando a Pelé en una Copa del Mundo. Un récord que todavía posee y que será difícil de arrebatar.

domingo, 21 de agosto de 2016

Neymar fulmina la maldición del oro olímpico de Brasil

En pocos países del mundo se vive el fútbol con tanta pasión como en Brasil. El deporte rey es una religión para una nación que se ha coronado hasta cinco veces campeón del mundo. Un logro que contrastaba con la decepción acumulada en los Juegos Olímpicos, donde el reinado se resistía, hasta que un penalti lanzado por Neymar ha terminado con una maldición de más de medio siglo de duración.

La 'canarinha' fue poco a poco, en especial desde la irrupción de Pelé, convirtiéndose en el gran referente del fútbol en el planeta, en el paradigma del éxito, del juego bonito y del gusto exquisito por tratar el cuero. El Mundial de 1958 fue la gran explosión y la Copa del Mundo de 1970 terminó siendo la confirmación definitiva de un estilo que coleccionaba admiradores e imitadores por todo el planeta.

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Dejando aparte la Copa América, donde Uruguay y Argentina han ido tomando ventaja en el palmarés del torneo a la 'Seleçao', los Juegos Olímpicos se transformaron con el tiempo en el pequeño gran fracaso del fútbol brasileño.

El fútbol en el certamen olímpico
El fútbol es una de las disciplinas más veteranas del certamen olímpico. Desde la edición de París en 1900, y con la salvedad de Los Ángeles 1932, el fútbol masculino, al que se le sumó el femenino a partir de Atlanta 1996, han sido parte del programa de los Juegos.

Las dos primeras ediciones que contó con el fútbol, 1900 y 1904, tuvieron como participantes a combinados amateurs, no a naciones, provocando que el Comité Olímpico Internacioal (COI) reconociera sendos concursos, pero no así la FIFA. En cambio, la cita de 1906, no es aceptada por ninguno de ambos organismos.

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Londres 1908 se puede considerar como el comienzo de este complicado matrimonio entre el fútbol y los Juegos Olímpicos, el primero en el que COI y FIFA coinciden en considerarlo oficial y el primero en tener a selecciones absolutas.

Fútbol en los JJ.OO., Juegos Olímpicos, fútbol, football,La FIFA empezó pronto a tener recelo del éxito del fútbol en el torneo olímpico, el cual podía hacer sombra y restar importancia a su gran tesoro deportivo y económico, la Copa Mundial de Fútbol, organizada también cada cuatro años.

Especialmente porque desde 1952 a 1980 solo habían participado futbolistas amateurs, pero cuando el COI se planteó romper dicha norma y dejar a los profesionales entrar a formar parte, se topó con la negativa de la FIFA, temerosa de encontrarse con una dura competencia.

Los Ángeles 1984 y Seúl 1988 fueron el banco de prueba de un inusual sistema con una mezcla de amateurs y profesionales, dependiendo de la confederación a la que pertenecieran. Obviamente, los jugadores adscritos a la UEFA y Conmebol, es decir Europa y América del Sur, no eran profesionales por ser los organismos teóricamente más fuertes, teniendo total libertad para el resto de futbolistas de las otras cuatro asociaciones -América del Norte, Asia, Oceanía y África-.

La prueba salió fallida y para la siguiente Olimpiada, la de Barcelona en 1992, se instauró el modelo que persiste en la actualidad y que no es otro que la obligación de que todas las plantillas tengan jugadores sub-23, a excepción de tres futbolistas de edad mayor que podrán ser citados a la convocatoria.

De este salomónico modo, el COI mantenía el fútbol en su programa de los Juegos Olímpicos con la vistosidad de poder contar grandes jugadores y grandes selecciones, pero sin quitar protagonismo a la gran fiesta del fútbol, la Copa Mundial de la FIFA.

Los doce asaltos anteriores al oro de Brasil
Brasil ha participado en trece ocasiones en los JJ.OO., incluyendo Rio 2016, desde que se estrenara en Helsinki 1952. En la cita finlandesa, con Vavá como principal abanderado del equipo, cayeron en los cuartos de final ante la República Federal de Alemania. El oro en aquella ocasión fue para la Hungría de los 'mágicos magiares' liderada por Puskás, Czibor, Hidegkuti... Un metal que parecía mostrarse siempre esquivo a la 'verdeamarela'.


                                           JJ.OO.RondaEstrella
                                         Helsinki 1952   Cuartos de final        Vavá
                                            Roma 1960     Fase de grupos        Gérson
                                            Tokio 1964    Fase de grupos    Roberto Miranda
                                         México 1968     Fase de grupos        Ferretti
                                           Berlín 1972     Fase de grupos        Falcao
                                         Montreal 1976     Semifinales        Junior



Brasil tuvo que vivir seis fracasos olímpicos consecutivos antes de ocupar al podio por primera vez, con Los Ángeles como sede y la plata como premio.


JJ.OO.RondaEstrellas
Los Angeles 1984PLATADunga
Seúl 1988PLATABebeto, Romario, Mazinho
Atlanta 1996BRONCEDida, Aldair, Roberto Carlos, Bebeto, Ronaldo, Rivaldo
Sidney 2000Cuartos de finalRonaldinho, Geovanni
Beijing 2008BRONCEThiago Silva, Pato, Ronaldinho, Marcelo, Diego
Londres 2012PLATAThiago Silva, Marcelo, Oscar, Neymar

A pesar de contar con grandísimas estrellas, Brasil no pudo subirse en las Olimpiadas siguientes a la parte más alta del cajón olímpico en fútbol, conformándose con tres platas y dos bronces. El éxito del oro sí lo pudieron conseguir el resto de campeonas del mundo, de alguno u otro modo, como:
  • Inglaterra -encuadrada dentro del Reino Unido- (1908 y 1912)
  • Uruguay (1924 y 1928)
  • Italia (1936)
  • Alemania, si bien fue la República Democrática de Alemania (1976) 
  • Francia (1984)
  • España (1992)
  • Argentina (2004 y 2008)
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Medalla de bronce entregada en los JJ.OO. de Moscú 1980. Foto subida a wikimedia por Gary Abraham

El peso de ser anfitrión
Aunque Brasil sabe ganar como anfitrión, no en vano ha logrado vencer en las cuatro ocasiones en las que ha ejercido como local en la Copa América (1919, 1922, 1949 y 1989), en la memoria colectiva han pesado más los sonoros fracasos de la Copa del Mundo cuando jugaba en casa, los de 1950 y 2014.

La derrota ante Uruguay en el último partido de la fase final de la Copa del Mundo de 1950 es, además de uno de los encuentros más recordados de la historia del fútbol, el mayor azote deportivo recibido por Brasil. El denominado como 'Maracanazo' privó a la 'Seleçao' de un Mundial que ya rozaban con las yemas de los dedos y al que le valía hasta un empate con los charrúas.

Pasaron más de seis décadas para que la 'canarinha' sufriera un descalabro similar. El Mundial de 2014 celebrado en Brasil asomaba en el calendario como la mejor receta para terminar con las pesadillas deportivas de la pentacampeona. Las noticias eran positivas para los organizadores: España, vigente campeona en aquel momento, caía en la ronda de grupos y los anfitriones respondían en las eliminatorias ante dos viejos conocidos como Chile, octavos de final y Colombia en cuartos.

El desastre se consumó en semifinales, en una mayúscula humillación de las que dejan cicatriz. Alemanía vapuleaba a Brasil con un histórico 1-7 en el estadio Mineirao de Belo Horizonte. Una derrota que se situaba a la altura del 'Maracanazo' dentro de los demonios futbolísticos de Brasil.

Buscando el oro en casa por partida doble
Brasil se disponía a cicatrizar en Río 2016 la herida todavía abierta por los fracasos consecutivos de los JJ.OO de Londres 2012 y el Mundial de 2014, en el decimotercero intento por hacerse con el oro y con el incómodo aliciente de jugar en casa, dados los últimos precedentes mundialísticos.

JJ.OO., Río 2016, Brazil, Brasil,
Un desconocido, al menos para el aficionado europeo, como Rogério Micale era el encargado de llevar la batuta de la olímpica, con el barcelonista Neymar, único superviviente de la plata de los anteriores Juegos y ausente en el 1-7 ante Alemania, como gran estrella mediática y deportiva, como el guía al que agarrarse en este camino lleno de baches, una responsabilidad que podría haber compartido con Douglas Costa, pero el hábil extremo del Bayern no pudo acudir por lesión.

Junto al '11' del Barcelona se situaban en la convocatoria dos jóvenes talentos consagrados, casos de Marquinhos y Rafinha, y una buena colección de prometedoras figuras todavía por moldear, como Gabigol o Gabriel Jesús.

Brasil arrancaba el torneo olímpico tan temeroso e inseguro como los peores presagios podían aventurar, víctima de sus miedos como organizadora y de la presión por conseguir el oro. Los chocantes empates ante Sudáfrica e Irak dejaban a la 'Seleçao' al borde del precipicio contra Dinamarca, en el último encuentro de la primera ronda. Un contundente triunfo por 4-0 catapultaban a los brasileños en los cuartos de final frente a un contrincante habitual, Colombia, a la que Neymar y Luan sentenciaban.

Antes de que llegaran las semifinales frente a Honduras, la 'Seleçao' femenina fallaba en su intento por colgarse por primera vez el oro -tras dos platas en 2004 y 2008-, perdiendo en los cuartos de final por penaltis ante Suecia en el legendario Maracaná, testigo en el pasado de la derrota más recordada del fútbol brasileño, y cayendo más tarde en Sao Paulo, en la lucha por el bronce ante Canadá.

La doble derrota de las chicas puso en aviso al plantel masculino, que encaraba las semifinales ante Honduras. Un duelo que resolvió de un modo más sencillo de lo esperado con un contundente 6-0 donde destacaban Neymar y Gabriel Jesús.

La venganza se sirve como último plato
Como si fuera un guión cinematográfico, Brasil recibía en la finalísima a Alemania, su gran contrincante por ser los dos países más laureados y verdugo de su Mundial, en un estadio histórico como Maracaná, recinto de las grandes gestas y de la famosa derrota ante Uruguay en 1950.

No se podían juntar más circunstancias a la vez, o sí, dado que ambos colosos nunca habían conseguido un oro olímpico en fútbol, con el paréntesis de la presea de la República Democrática Alemana, de la cual no se sienten directamente heredera la federación alemana.


Neymar levantó al público carioca de sus asientos con un libre directo anotado a los 27 minutos que desataba la locura. La alegría era mitigada por tres golpeos de la madera de los germanos. Anticipando la debacle con el empate del capitán Maximilian Meyer, del Schalke, silenciando el estadio y rescatando los miedos de la grada.

El dominio brasileño no evitaba ni la temida prórroga, primero, en la que los teutones defendían con la confianza que les faltaba en el ataque y donde sorprendía el estilo timorato, ni los penaltis después, para añadir más dramatismo a una cita ya de por sí emotiva.

El error de Petersen, o el acierto de Weverton, al detener el quinto lanzamiento alemán ofreció la caprichosa y dramática posibilidad a que Neymar, único superviviente de la plata de Londres y máximo responsable moral del éxito o fracaso de esta edición, de sentenciar con la decisiva pena máxima. Un desafío que superó.

Los once metros que separan el punto de penalti de la portería fueron la distancia que necesitó Neymar pasar a la historia como el héroe que lograba el oro olímpico, cumpliendo con el objetivo que anteriormente otros mitos brasileños no consiguieron y enterrando de golpe todos los fantasmas del pasado.

jueves, 14 de julio de 2016

Iron Maiden reescribe su nombre en el libro de las leyendas

Iron Maiden se ha convertido en una especie rara dentro del panorama musical internacional. La formación británica lleva 40 años paseando orgullosamente su nombre por los escenarios de todo el planeta, sin recurrir a los viejos éxitos por decreto. Sin dar la impresión de necesitar un gira para recuperar antiguas sensaciones porque las ideas se han estancado. Sin reunir a glorias pasadas para aparentar que nada ha cambiado, cuando todo es distinto. Sin la obligación de editar un disco o publicar unos grandes éxitos para hacer caja.

La 'Doncella de hierro' ha grabado su decimosexto trabajo tras cinco años de silencio. Un lapso de tiempo que se ha hecho eterno para su legión de seguidores, pero que ha merecido la pena dado el resultado final.

'The Book Of Souls' no es un disco cualquiera. Ni siquiera uno más. El sexteto ha escrito una de sus obras más redondas. Un cautivador álbum compuesto por unos músicos sexagenarios que llevan décadas compartiendo shows y glorificando el nombre del heavy metal.

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Iron Maiden. Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid

The Raven Age fueron los encargados de telonear a Iron Maiden. Se trata de una formación inglesa de reciente creación que practica un metal melódico y que cuenta en sus filas con George Harris, hijo del bajista de los Maiden.

A pesar del aval de Steve Harris, el novel grupo ni desmereció la oportunidad ni pareció estar en la cita gracias al apellido. Es más, dejó gratas sensaciones en su puesta de largo en la capital española.


Un abarrotado Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid recibió al combo británico con el mismo calor que emanaba el alquitrán de la cercana calle Goya, víctima, como el sufrido público, de los excesos de temperatura del verano madrileño.

El magnetismo de Iron Maiden es tremendamente poderoso, propio de uno de los grandes mitos del rock. Un Olimpo privilegiado donde llevan un tiempo instalados, con trono en propiedad y vistas al resto de la humanidad.

El denominado como Dia del rock no pudo tener mejores anfitriones. Los Maiden lucieron su clásica puesta en escena con un decorado que envidiaría el propio productor de cine De Laurentiis y que en esta ocasión nos remontaba a la época precolombina, a un cruce entre la cultura maya y azteca, en uno de esos paseos por la historia que nos tiene acostumbrado la dupla Bruce Dickinson y Steve Harris, los cuales se mostraban tremendamente motivados, sin excesivo contacto entre ellos, pero con gran química con la grada, en especial el cantante, quien no paraba de brincar, moverse e incitar a la gente a seguir su contagioso y eléctrico ritmo.

Igualmente animado estaba Nicko McBrain, al que las cámaras instaladas junto a su semioculto set de batería dedicaban numerosas imágenes, constatando que sigue con la misma actitud juvenil y desenfadada.

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Si el mayor miedo de una banda consolidada es la recepción que pueda tener su último trabajo, pronto palparon que la audiencia no solo había aprendido la letra sino hasta la melodía de los solos y acordes de los grandes pasajes que tiene el 'Book Of Souls', interpretados majestuosamente por la terna de guitarras formadas por Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, quien pasó de estar ausente a dedicar muchos gestos de complicidad con las primeras filas.

La nefasta acústica del Pabellón era el único impedimento para que los Maiden rozaran la matrícula de honor. Un contratiempo ajeno a los británicos y que sigue condicionando a cualquier estrella que pisa el parqué madrileño.


Después de una buena ración del último disco, con seis canciones, incluyendo el tema dedicado al difunto actor Robin Williams y que toma el bonito nombre de Tears Of A Clown, el grupo rejuveneció unos cuantos años para rescatar tres de sus himnos más representativos, consiguiendo implicar incluso al 'alma' más escéptica.

El dúo formado por Hallowed Be Thy Name y Fear Of The Dark, cantadas ambas a coro por el auditorio, dio paso a la homónima Iron Maiden. La sintonía para entonces era total entre grupo y público. Una alianza que sellaba la mascota Eddie con su habitual aparición, siempre teatral y circense, siempre espectacular.



La caja de los truenos se había abierto y no había modo de silenciarla. Llegaba el tramo final con otro de los cortes más célebres, The Number Of The Beast, y dos menos habituales, o no tan asiduas en el repertorio, pero igualmente bien recibidas, Blood Brothers, haciendo hincapié en que lo que nos une es más que lo que nos separa, y Wasted Years como colofón, evidenciando que Iron Maiden no han malgastado el tiempo, que lo han invertido en ellos mismos y en nosotros, para que disfrutemos de su gigantesca figura, la de una de las mayores leyendas del rock.

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