miércoles, 22 de octubre de 2014

Cuatro años, 200 entradas publicadas y una canción triste

El título que he dado a este 'post' parece sacado del estribillo de una canción de Joaquín Sabina o  de un libro de Pablo Neruda. La razón no es otra que el blog ha cumplido esta semana su cuarto año de vida. Para ser más exactos, el pasado 20 de octubre.

Además de este aniversario, ayer me fijé que la última entrada que escribí sobre la película de Oliver Stone era la número 200. Un doble centenario que se convierte en una doble celebración para este espacio.

cintas VHS

Los cuatro años de este blog han dado para mucho: han dado para conocer a nuevas personas -la mayor parte de ellos 'aparecen' aquí a la derecha, con los enlaces a sus bitácoras-, han servido para volver a palpar el cariño de muchos viejos amigos y también para ejercitar el precioso arte de contar historias y de escribir.

A todos ellos, y a los visitantes anónimos que han terminado siendo habituales de este sitio, quiero dar las gracias por vuestra fidelidad a estas 'Memorias de una cinta VHS'.


Aunque no puedo escribir con la misma constancia que antes debido al trabajo, que más que trabajo es un hobbie remunerado -podéis leerme también en la web de Goal.com :-) -, siempre intento sacar hueco para, al menos, meter un nuevo tema de vez en cuando. 

La idea es seguir con este proyecto durante mucho tiempo. Empezar parece lo más difícil, pero lo más complicado es finalmente mantenerse y ser constante. Para ello necesitaré mucha dosis de paciencia y dedicación, porque la suerte y la fortuna están aparentemente de mi lado, proporcionado por el regalo de musamolona, ¡gracias! Un gato que saluda a un mañana mejor. Esperemos que sea así.


No me olvido de la fecha
Como muchos sabéis, estos días son siempre muy complicados para mí. El 20 de octubre de 2011 falleció una de las mejores personas que he conocido. Si ya es jodido desprenderse de alguien así, más lo es cuando te queda mucho por disfrutar y cuando la vida se va de forma tan brusca.

Este blog lo empecé hablando del grupo W.A.S.P., por mi devoción a uno de sus discos y a su cantante Blackie Lawless, quien también perdió a una persona cercana en un accidente y a quien le dedicó un tema. Una canción que hoy, y por muchos años, sonará también para José Luis.

W.A.S.P. - Forever Free



The wind cries her name in the breeze
But I can't hold her anymore
Some fallen angel had come to me
And fell to heavy on my soul
And stole from me the love that I heard
Lords of time say never die
And said- don't cry for me, cause I'll be
Riding the wind forever free
High in the wind forever free
I'll ride the wind forever free
High in the wind forever free
Forever free

jueves, 16 de octubre de 2014

'Un domingo cualquiera' para Oliver Stone

El género deportivo nunca ha contado con grandes referentes en la historia del cine. A excepción del boxeo, capaz por sí solo de proporcionar la base argumental para películas de gran trascendencia en la historia del séptimo arte, como: 'Rocky', 'Toro Salvaje', 'Campeón', 'Million Dollar Baby'...

Los deportes más populares en el planeta -fútbol, baloncesto y fútbol americano- han sido víctimas, en líneas generales, de ser llevados a la gran pantalla bajo guiones simples, basados en hechos reales, con la superación y previsibilidad como bandera, recreando las hazañas de equipos pequeños que se hacían grandes y superaban la adversidad.

A todo ello se añadía que capitaneando el proyecto se encontraba o un director novel o alguien sin la trayectoria para dar seriedad a la cinta. Por todo ello, sorprendió que un director como Oliver Stone se embarcara en la tarea de rodar una película con el fútbol americano como eje argumental.

Oliver Stone, el director de las barras y estrellas
La temática usada por Oliver Stone es tan variada como la propia población de los Estados Unidos. Si bien, todas sus películas guardan algo en común cuando se las observa en conjunto: compilar un pedazo de la historia moderna de su país, entendiéndolo en un sentido amplio.

La trilogía basada en la Guerra de Vietnam -'Nacido el 4 de julio', 'Platoon' y 'El cielo y la tierra'- representan los miedos de un conflicto perdido que debilitó a toda una generación estadounidense. De igual modo que todos ellos quedaron marcados por dos presidentes -Kennedy y Nixon- a quienes Stone los dedica otro par de obras.


Nueva York no podía faltar en su filmografía de este 'hijo de la Gran Manzana' para quien 'Wall Street' es la mirada crítica al capitalismo más despiadado, al sistema social y económico que transformó a la nación en el motor del planeta.

Otras tres piezas del puzzle que usa el cineasta para dar forma a Norteamérica son el rock -reflejados a través de los acordes de los 'Doors'-, el uso de las armas o la violencia -'Natural Born Killers' y 'Giro Al Infierno'- y el deporte, donde encaja este 'Domingo Cualquiera' preparado por Oliver Stone en el calendario de 1999.

Mucho más que fútbol americano
No hay que caer en la trampa, 'Un domingo cualquiera' no es una película simple sobre un deporte que en Europa no tiene casi repercusión. 'Un domingo cualquiera' es mucho más. Se trata de un compendio de problemas que afectan actualmente al profesionalismo de todos los deportes. Situaciones tan comunes y universales como:
  • La dureza y exigencia del deporte al máximo nivel
  • La lucha de egos dentro del vestuario
  • Los retos a nivel de grupo y a nivel personal, los cuales hacen de los futbolistas cada vez más egoístas
  • La pérdida de pasión tras dar el salto desde la Universidad a la Ligas mayores
  • La motivación para afrontar un partido
  • El racismo y el machismo, personalizados en la presencia de un quaterback negro y una joven presidenta
  • Las relaciones entre el entrenador y la cúpula directiva
  • Las relaciones entre un entrenador y su plantilla
  • El poder que ejercen las franquicias sobre las ciudades de los EE.UU.
  • El final de la carrera deportiva de un mito. Las repercusiones en su entorno familiar
  • El peso de la fama y la crítica a crear iconos
  • El lado oculto: las juergas, prostitución, drogas, alcohol, la ética médica y el dopaje
  • La presión de los medios de comunicación
  • La desmedida importancia de la publicidad y el merchandising en cualquier deporte
  • Las decisiones a la hora de renovar, fichar y despedir en una plantel

Un equipo ficticio con problemas reales
Para tejer toda esta historia, Stone crea una franquicia ficticia denominada 'Sharks' (tiburones), presidida por Cameron Diaz, donde el quaterback principal de la institución -interpretado por Dennis Quaid- se lesiona, teniendo el entrenador -Al Pacino- que ceder la batuta a un joven debutante -papel estelar que asume el actor Jamie Foxx-. Con esta premisa se crea el resto de argumentos mencionados.

Oliver Stone ofrece sucesivos guiños al espectador acostumbrado al mundo de la NFL, la cual se quiso mantener al margen del film y no cedió los derechos para usar los logotipos. Los Sharks están afincados en Miami, sede habitual de los Dolphins (delfines), cuya estrella histórica, Dan Marino, llevaba el dorsal 13, mismo número usado por el rookie de los Miami Sharks. No es la única aportación del legendario Marino, dado que su casa hizo de decorado y de mansión para el personaje interpretado por Quaid.

Camiseta y símbolo de los Miami Dolphins

Un aficionado tras las cámaras
Oliver Stone demuestra su pasión como aficionado al fútbol americano y su maestría en la dirección. Stone, quien hace un cameo en la película como analista en la radio, se recrea en los planos cortos, en meter la cámara en el interior del juego. Un estilo heredado de los videoclips y de las retransmisiones por TV.

También hay lugar para las pruebas, como ciertas tomas aéreas o ángulos inesperados de cámara, deleitándose con un sello personal que ya estaba practicando anteriormente de intercalar fragmentos a distintas velocidades de reproducción, mezclando el blanco y negro o el sepia en las escenas. Todo ello salpicado con una banda sonora que pone ritmo a las vertiginosas acciones sobre el césped donde el punto violento, marca de la casa, vive su cenit con la secuencia del globo ocular.

Oliver Stone delata sus colores cuando en el guión se habla de Joe Montana o cuando los Sharks se juegan la final de los 'play-offs' contra la franquicia de San Francisco, la verdadera devoción del cineasta en el fútbol americano. Pero si por algo es recordada esta cinta es por el extraordinario discurso de Al Pacino, motivador como pocos.


El motivador discurso de Al Pacino
"No sé qué decir en realidad. Tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales. Todo se reduce a hoy. O, nos curamos como equipo, o nos desmoronamos. Jugada a jugada, pulgada a pulgada, hasta el final. Ahora estamos en el infierno, caballeros. Creedme. Y, o nos quedamos aquí dejándonos machacar o, luchamos por volver a la luz. 

Podemos salir del infierno, pulgada a pulgada. Yo no puedo hacerlo por vosotros. Soy muy viejo. Miro alrededor y veo esas jóvenes caras y pienso… He cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer. He despilfarrado todo mi dinero, podéis creerlo. He echado de mi vida a todo el que me ha amado. Y últimamente ni siquiera soporto la cara que veo en el espejo.

Mirad, cuando te haces mayor en la vida, hay cosas que se van. Vamos, eso... Eso es parte de la vida. Pero sólo aprendes eso cuando empiezas a perder esas cosas. Descubres que la vida es cuestión de pulgadas. Así es el fútbol, porque, en cada juego, la vida o el fútbol. El margen de error es muy pequeño. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a pasarla. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a cogerla.

Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor. Están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno. En este equipo nos dejamos nosotros y cada uno de los demás por esa pulgada que se gana. Porque cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos esas pulgadas. Eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre GANAR O PERDER... ENTRE VIVIR O MORIR.


Os diré una cosa, en cada lucha, aquel que va a muerte es el que gana ese terreno. Y sé que si queda vida en mí es porque aun quiero luchar, y morir por esa pulgada. Porque vivir, consiste en eso. Las seis pulgadas frente a vuestras caras. Yo no puedo convenceros de que lo hagáis. Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado, ¡MIRADLE A LOS OJOS!

Creo que vais a ver a un tío dispuesto a ganarla con vosotros. Vais a ver a un tío que se sacrificara por este equipo. Porque sabe que cuando llegue la ocasión, vosotros haréis lo mismo por él. Eso es un equipo, caballeros. Y... o nos curamos.. ahora como equipo. O moriremos como individuos.

Eso es el fútbol, chicos. Eso es todo lo que es. Ahora... ¿Qué vais a hacer?"

miércoles, 24 de septiembre de 2014

El curso que el Hellas Verona enamoró a Italia

La historia de la primera división italiana, la llamada Serie A, está marcada por la lucha entre los principales clubes del país. Al igual que España, en el país transalpino existe un estrecho grupo de equipos que entran siempre en las quinielas por hacerse con el 'Scudetto'. Dicho selecto tren de cabeza está formado por Milan, Inter y Juventus.

Scudetto

Los dos equipos de Roma fueron la lógica excepción, dada las grandes inversiones realizadas, a cuatro décadas de títulos repartidos entre dichas cinco escuadras -Juventus, Inter, Milan, Lazio y Roma-. Una tendencia habitual en Italia sólo rota en tres momentos: el Nápoles de Maradona, la Sampdoria de Mancini y Vialli y el sorprendente Hellas Verona.

Hellas, el club tradicional de la ciudad
El Hellas es el equipo histórico de Verona, y el más popular. Creado en 1903 por un grupo de alumnos que a petición de su profesor de Historia y Arte pusieron el nombre de Hellas, que es la manera clásica como los griegos llaman a su tierra, deriva de Helios (dios del sol).

En su escudo aparece la mencionada escalera, una bandera tricolor y una pequeña figura de dos perros mastines en honor al primer señor de Verona de la familia Scala, Mastino I. Todo el conjunto se sitúa sobre un fondo rayado amarillo y azul, tonos representativos de la ciudad.

Símbolos y colores que comparte en cierta medida con otro de los equipos de la población, de la periferia de Verona, y que desde hace un tiempo se mantiene en la máxima categoría. El partido contra el Chievo es conocido como el 'derbi de la Scala'.

EScudo del Heelas Verona

El Hellas rompe las quinielas 
El curso 1984-85 arrancaba en Italia. La considerada por aquel entonces como mejor Liga del continente tenía un quinteto principal con Juventus, Roma, Inter, Nápoles y Milan como claros candidatos al título. Incluso el Torino, el cual cumplía el décimo aniversario de su campeonato, contaba con opciones al 'scudetto'.

En el vagón de los olvidados se encontraba el Hellas Verona, quienes a pesar de haber sumado un par de buenas campañas tras su regreso a la élite -con un par de finales de Coppa incluidas-, seguían con el estigma de haber esquivado un descenso desde Serie B en 1981.

Platini, Boniek y Rossi (Juventus), Sócrates y Passarella (Fiorentina), Zico (Udinese), Falcao, Cerezo y Conti (Roma), Altobelli y Rummenigge (Inter), Aldo Serena (Torino), Baresi (Milan) y Maradona (Nápoles) acaparaban las portadas de los rotativos transalpinos a mediados de los ochenta. Periódicos de tirada nacional en los que raramente asomaban los jugadores del Hellas, hasta aquella temporada.

Michel Platini, el '10' de la Juventus

La clave del éxito comenzó por una gran dirección tanto táctica como institucional. La dupla formada por Emiliano Mascetti, máximo goleador de la historia del club y director deportivo en aquella etapa, junto a Osvaldo Bagnoli, gran estratega capaz de generar variantes en el esquema de los Gialloblu, dio pronto sus frutos. La amistad surgida entre ambos y el entendimiento deportivo fue otro de los motores de los veroneses.

La construcción de una familia
La buena relación que emanaba el tándem Mascetti-Bagnoli se vio rodeada de una serie de futbolistas jóvenes y talentosos a los que les faltaban minutos en los equipos grandes y que terminaron contagiados del espíritu del vestuario, convirtiendo a la plantilla en una insuperable familia que compartía el tiempo de ocio en grupo. Esta política sirvió de base para el ascenso a Serie A y de trampolín para el 'scudetto' de 1984-85.

El equipo necesitaba un fichaje de prestigio para dar el salto de calidad. El elegido fue Lothar Matthäus, quien se encontraba cerca de dar el salto desde el Borussia Mönchengladbach al Bayern Múnich. Ante la imposibilidad de contratarle se pasó al segundo de la lista: Hans-Peter Briegel.

El polivalente futbolista germano, procedente del Kaiserlautern e internacional con Alemania, hizo pareja de foráneos con Preben Elkjær  -en una etapa en la que sólo se permitían dos extranjeros por equipo y donde no existía el término comunitario o europeo-.

El once tipo de aquel Hellas campeón era el formado por: Garella; Ferroni I, Marangon I; Briegel, Tricella, Fontolan I; Fanna, Volpati, Galderisi, Di Gennaro, Elkjær. Una escuadra que jugaba de memoria y en el que cada pieza conocía perfectamente su rol de sacrificio y de generosidad, bajo la batuta paternalista de Bagnoli.

Hellas Verona

Una temporada de ensueño
El curso 1984-85 no pudo empezar mejor para los veroneses, quienes firmaron cuatro triunfos, entre ellos Nápoles -en el debut en Italia de Maradona, anulado por el marcaje de Briegel- y Juventus -con gol de Elkjaer, quien anotó sin una de sus botas-, además de un empate -ante el Inter- en las cinco primeras jornadas, aupando al Hellas a lo más alto de la tabla.

Lugar que no abandonaron en toda la temporada, a pesar sentir de la persecución ejercida por los 'neroazzurro' y de la lógica presión por la falta de costumbre de la institución de luchar por la Liga. El clásico 'mal de altura' que el entrenador Bagnoli siempre supo gestionar, con su habitual tranquilidad.

El alegre fútbol de los 'gialloblu' encontraba su recompensa en los favorables marcadores que sonreían al conjunto de Verona. La tensión saltó en uno de los duelos menos esperados, contra el Avellino, en una derrota no prevista que se vio minimizada por el empate en aquella jornada de Inter y la derrota del 'Toro'. La ciudad de Romeo y Julieta respiró tranquila.

El discurso optimista de Bagnoli caló en la plantilla, cada vez más consciente de la posibilidad de hacer historia ante el ilusionado público del Estadio Bentegodi, quienes llenaban las curvas de banderas amarillas y azules desde la primera fecha.

Hellas Verona, once, equipo titular

El respeto que produjo la segunda vuelta del campeonato fue amainando con tres citas claves que disputaron en febrero. Por un lado, el sufrido triunfo ante Udinese (con 3-5 final) y las tablas frente a Inter y Juve. Empates indispensables teniendo en cuenta que la victoria todavía contaba por 2 puntos y que ambos eran los principales perseguidores en la clasificación.

El golpe de mando definitivo se produjo en Florencia al barrer a la Fiorentina por 1-3. Era la señal definitiva de que no iban de farol. Un mensaje recibido por el resto de escuadras de Italia. Los 'mastines' andaban sueltos, con hambre de títulos.

Durante la primavera, la distancia de seis puntos acaudalada menguó peligrosamente después de caer en casa al Torino, en la segunda derrota de toda la temporada. Un revés que no fue aprovechado por el resto de candidatos y que dejó en bandeja a los de Verona para optar matemáticamente al 'Scudetto' a sólo 100 kilómetros de casa.

La invasión de Bérgamo
Alrededor de 120 autobuses y unos 10.000 aficionados tomaron Bérgamo para colorear de amarillo y azul las gradas del viejo estadio del Atalanta. El conjunto bermascano se adelantó y Elkjaer niveló la contienda. El resultado favorecía a ambos: los locales rubricaban su mejor presencia en toda su historia en Serie A y los veroneses se hacían con el campeonato. Todo esto hizo que los minutos finales se vivieran con una alegría compartida en la grada y un pacto de no agresión en el césped.


Verona tocó aquella tarde el cielo con un dedo, enamorando al 'calcio' con un juego atractivo que supuso otra licencia para un 'tapado' en la Serie A. Una tendencia que se ha frenado con el paso del tiempo. La Sampdoria fue en 1991 el último encargado de escribir su propia versión de Cenicientas que cambian el sentido a los cuentos y que se cansan de no acudir a la fiesta del 'Scudetto'.

El plantel de Bagnoli se desmontó en la edición siguiente del 'calcio'. Las nuevas estrellas veronesas salpicaron a los grandes del torneo transalpino, si bien todos dejaron parte de su corazón en la ciudad de los 'Capuletos y Montescos', tanto que volvieron a los 25 años para disputar un partido homenaje a aquella inolvidable temporada del Hellas Verona.

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