domingo, 21 de agosto de 2016

Neymar fulmina la maldición del oro olímpico de Brasil

En pocos países del mundo se vive el fútbol con tanta pasión como en Brasil. El deporte rey es una religión para una nación que se ha coronado hasta cinco veces campeón del mundo. Un logro que contrastaba con la decepción acumulada en los Juegos Olímpicos, donde el reinado se resistía, hasta que un penalti lanzado por Neymar ha terminado con una maldición de más de medio siglo de duración.

La 'canarinha' fue poco a poco, en especial desde la irrupción de Pelé, convirtiéndose en el gran referente del fútbol en el planeta, en el paradigma del éxito, del juego bonito y del gusto exquisito por tratar el cuero. El Mundial de 1958 fue la gran explosión y la Copa del Mundo de 1970 terminó siendo la confirmación definitiva de un estilo que coleccionaba admiradores e imitadores por todo el planeta.

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Dejando aparte la Copa América, donde Uruguay y Argentina han ido tomando ventaja en el palmarés del torneo a la 'Seleçao', los Juegos Olímpicos se transformaron con el tiempo en el pequeño gran fracaso del fútbol brasileño.

El fútbol en el certamen olímpico
El fútbol es una de las disciplinas más veteranas del certamen olímpico. Desde la edición de París en 1900, y con la salvedad de Los Ángeles 1932, el fútbol masculino, al que se le sumó el femenino a partir de Atlanta 1996, han sido parte del programa de los Juegos.

Las dos primeras ediciones que contó con el fútbol, 1900 y 1904, tuvieron como participantes a combinados amateurs, no a naciones, provocando que el Comité Olímpico Internacioal (COI) reconociera sendos concursos, pero no así la FIFA. En cambio, la cita de 1906, no es aceptada por ninguno de ambos organismos.

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Londres 1908 se puede considerar como el comienzo de este complicado matrimonio entre el fútbol y los Juegos Olímpicos, el primero en el que COI y FIFA coinciden en considerarlo oficial y el primero en tener a selecciones absolutas.

Fútbol en los JJ.OO., Juegos Olímpicos, fútbol, football,La FIFA empezó pronto a tener recelo del éxito del fútbol en el torneo olímpico, el cual podía hacer sombra y restar importancia a su gran tesoro deportivo y económico, la Copa Mundial de Fútbol, organizada también cada cuatro años.

Especialmente porque desde 1952 a 1980 solo habían participado futbolistas amateurs, pero cuando el COI se planteó romper dicha norma y dejar a los profesionales entrar a formar parte, se topó con la negativa de la FIFA, temerosa de encontrarse con una dura competencia.

Los Ángeles 1984 y Seúl 1988 fueron el banco de prueba de un inusual sistema con una mezcla de amateurs y profesionales, dependiendo de la confederación a la que pertenecieran. Obviamente, los jugadores adscritos a la UEFA y Conmebol, es decir Europa y América del Sur, no eran profesionales por ser los organismos teóricamente más fuertes, teniendo total libertad para el resto de futbolistas de las otras cuatro asociaciones -América del Norte, Asia, Oceanía y África-.

La prueba salió fallida y para la siguiente Olimpiada, la de Barcelona en 1992, se instauró el modelo que persiste en la actualidad y que no es otro que la obligación de que todas las plantillas tengan jugadores sub-23, a excepción de tres futbolistas de edad mayor que podrán ser citados a la convocatoria.

De este salomónico modo, el COI mantenía el fútbol en su programa de los Juegos Olímpicos con la vistosidad de poder contar grandes jugadores y grandes selecciones, pero sin quitar protagonismo a la gran fiesta del fútbol, la Copa Mundial de la FIFA.

Los doce asaltos anteriores al oro de Brasil
Brasil ha participado en trece ocasiones en los JJ.OO., incluyendo Rio 2016, desde que se estrenara en Helsinki 1952. En la cita finlandesa, con Vavá como principal abanderado del equipo, cayeron en los cuartos de final ante la República Federal de Alemania. El oro en aquella ocasión fue para la Hungría de los 'mágicos magiares' liderada por Puskás, Czibor, Hidegkuti... Un metal que parecía mostrarse siempre esquivo a la 'verdeamarela'.


                                           JJ.OO.RondaEstrella
                                         Helsinki 1952   Cuartos de final        Vavá
                                            Roma 1960     Fase de grupos        Gérson
                                            Tokio 1964    Fase de grupos    Roberto Miranda
                                         México 1968     Fase de grupos        Ferretti
                                           Berlín 1972     Fase de grupos        Falcao
                                         Montreal 1976     Semifinales        Junior



Brasil tuvo que vivir seis fracasos olímpicos consecutivos antes de ocupar al podio por primera vez, con Los Ángeles como sede y la plata como premio.


JJ.OO.RondaEstrellas
Los Angeles 1984PLATADunga
Seúl 1988PLATABebeto, Romario, Mazinho
Atlanta 1996BRONCEDida, Aldair, Roberto Carlos, Bebeto, Ronaldo, Rivaldo
Sidney 2000Cuartos de finalRonaldinho, Geovanni
Beijing 2008BRONCEThiago Silva, Pato, Ronaldinho, Marcelo, Diego
Londres 2012PLATAThiago Silva, Marcelo, Oscar, Neymar

A pesar de contar con grandísimas estrellas, Brasil no pudo subirse en las Olimpiadas siguientes a la parte más alta del cajón olímpico en fútbol, conformándose con tres platas y dos bronces. El éxito del oro sí lo pudieron conseguir el resto de campeonas del mundo, de alguno u otro modo, como:
  • Inglaterra -encuadrada dentro del Reino Unido- (1908 y 1912)
  • Uruguay (1924 y 1928)
  • Italia (1936)
  • Alemania, si bien fue la República Democrática de Alemania (1976) 
  • Francia (1984)
  • España (1992)
  • Argentina (2004 y 2008)
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Medalla de bronce entregada en los JJ.OO. de Moscú 1980. Foto subida a wikimedia por Gary Abraham

El peso de ser anfitrión
Aunque Brasil sabe ganar como anfitrión, no en vano ha logrado vencer en las cuatro ocasiones en las que ha ejercido como local en la Copa América (1919, 1922, 1949 y 1989), en la memoria colectiva han pesado más los sonoros fracasos de la Copa del Mundo cuando jugaba en casa, los de 1950 y 2014.

La derrota ante Uruguay en el último partido de la fase final de la Copa del Mundo de 1950 es, además de uno de los encuentros más recordados de la historia del fútbol, el mayor azote deportivo recibido por Brasil. El denominado como 'Maracanazo' privó a la 'Seleçao' de un Mundial que ya rozaban con las yemas de los dedos y al que le valía hasta un empate con los charrúas.

Pasaron más de seis décadas para que la 'canarinha' sufriera un descalabro similar. El Mundial de 2014 celebrado en Brasil asomaba en el calendario como la mejor receta para terminar con las pesadillas deportivas de la pentacampeona. Las noticias eran positivas para los organizadores: España, vigente campeona en aquel momento, caía en la ronda de grupos y los anfitriones respondían en las eliminatorias ante dos viejos conocidos como Chile, octavos de final y Colombia en cuartos.

El desastre se consumó en semifinales, en una mayúscula humillación de las que dejan cicatriz. Alemanía vapuleaba a Brasil con un histórico 1-7 en el estadio Mineirao de Belo Horizonte. Una derrota que se situaba a la altura del 'Maracanazo' dentro de los demonios futbolísticos de Brasil.

Buscando el oro en casa por partida doble
Brasil se disponía a cicatrizar en Río 2016 la herida todavía abierta por los fracasos consecutivos de los JJ.OO de Londres 2012 y el Mundial de 2014, en el decimotercero intento por hacerse con el oro y con el incómodo aliciente de jugar en casa, dados los últimos precedentes mundialísticos.

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Un desconocido, al menos para el aficionado europeo, como Rogério Micale era el encargado de llevar la batuta de la olímpica, con el barcelonista Neymar, único superviviente de la plata de los anteriores Juegos y ausente en el 1-7 ante Alemania, como gran estrella mediática y deportiva, como el guía al que agarrarse en este camino lleno de baches, una responsabilidad que podría haber compartido con Douglas Costa, pero el hábil extremo del Bayern no pudo acudir por lesión.

Junto al '11' del Barcelona se situaban en la convocatoria dos jóvenes talentos consagrados, casos de Marquinhos y Rafinha, y una buena colección de prometedoras figuras todavía por moldear, como Gabigol o Gabriel Jesús.

Brasil arrancaba el torneo olímpico tan temeroso e inseguro como los peores presagios podían aventurar, víctima de sus miedos como organizadora y de la presión por conseguir el oro. Los chocantes empates ante Sudáfrica e Irak dejaban a la 'Seleçao' al borde del precipicio contra Dinamarca, en el último encuentro de la primera ronda. Un contundente triunfo por 4-0 catapultaban a los brasileños en los cuartos de final frente a un contrincante habitual, Colombia, a la que Neymar y Luan sentenciaban.

Antes de que llegaran las semifinales frente a Honduras, la 'Seleçao' femenina fallaba en su intento por colgarse por primera vez el oro -tras dos platas en 2004 y 2008-, perdiendo en los cuartos de final por penaltis ante Suecia en el legendario Maracaná, testigo en el pasado de la derrota más recordada del fútbol brasileño, y cayendo más tarde en Sao Paulo, en la lucha por el bronce ante Canadá.

La doble derrota de las chicas puso en aviso al plantel masculino, que encaraba las semifinales ante Honduras. Un duelo que resolvió de un modo más sencillo de lo esperado con un contundente 6-0 donde destacaban Neymar y Gabriel Jesús.

La venganza se sirve como último plato
Como si fuera un guión cinematográfico, Brasil recibía en la finalísima a Alemania, su gran contrincante por ser los dos países más laureados y verdugo de su Mundial, en un estadio histórico como Maracaná, recinto de las grandes gestas y de la famosa derrota ante Uruguay en 1950.

No se podían juntar más circunstancias a la vez, o sí, dado que ambos colosos nunca habían conseguido un oro olímpico en fútbol, con el paréntesis de la presea de la República Democrática Alemana, de la cual no se sienten directamente heredera la federación alemana.


Neymar levantó al público carioca de sus asientos con un libre directo anotado a los 27 minutos que desataba la locura. La alegría era mitigada por tres golpeos de la madera de los germanos. Anticipando la debacle con el empate del capitán Maximilian Meyer, del Schalke, silenciando el estadio y rescatando los miedos de la grada.

El dominio brasileño no evitaba ni la temida prórroga, primero, en la que los teutones defendían con la confianza que les faltaba en el ataque y donde sorprendía el estilo timorato, ni los penaltis después, para añadir más dramatismo a una cita ya de por sí emotiva.

El error de Petersen, o el acierto de Weverton, al detener el quinto lanzamiento alemán ofreció la caprichosa y dramática posibilidad a que Neymar, único superviviente de la plata de Londres y máximo responsable moral del éxito o fracaso de esta edición, de sentenciar con la decisiva pena máxima. Un desafío que superó.

Los once metros que separan el punto de penalti de la portería fueron la distancia que necesitó Neymar pasar a la historia como el héroe que lograba el oro olímpico, cumpliendo con el objetivo que anteriormente otros mitos brasileños no consiguieron y enterrando de golpe todos los fantasmas del pasado.

jueves, 14 de julio de 2016

Iron Maiden reescribe su nombre en el libro de las leyendas

Iron Maiden se ha convertido en una especie rara dentro del panorama musical internacional. La formación británica lleva 40 años paseando orgullosamente su nombre por los escenarios de todo el planeta, sin recurrir a los viejos éxitos por decreto. Sin dar la impresión de necesitar un gira para recuperar antiguas sensaciones porque las ideas se han estancado. Sin reunir a glorias pasadas para aparentar que nada ha cambiado, cuando todo es distinto. Sin la obligación de editar un disco o publicar unos grandes éxitos para hacer caja.

La 'Doncella de hierro' ha grabado su decimosexto trabajo tras cinco años de silencio. Un lapso de tiempo que se ha hecho eterno para su legión de seguidores, pero que ha merecido la pena dado el resultado final.

'The Book Of Souls' no es un disco cualquiera. Ni siquiera uno más. El sexteto ha escrito una de sus obras más redondas. Un cautivador álbum compuesto por unos músicos sexagenarios que llevan décadas compartiendo shows y glorificando el nombre del heavy metal.

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Iron Maiden. Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid

The Raven Age fueron los encargados de telonear a Iron Maiden. Se trata de una formación inglesa de reciente creación que practica un metal melódico y que cuenta en sus filas con George Harris, hijo del bajista de los Maiden.

A pesar del aval de Steve Harris, el novel grupo ni desmereció la oportunidad ni pareció estar en la cita gracias al apellido. Es más, dejó gratas sensaciones en su puesta de largo en la capital española.


Un abarrotado Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid recibió al combo británico con el mismo calor que emanaba el alquitrán de la cercana calle Goya, víctima, como el sufrido público, de los excesos de temperatura del verano madrileño.

El magnetismo de Iron Maiden es tremendamente poderoso, propio de uno de los grandes mitos del rock. Un Olimpo privilegiado donde llevan un tiempo instalados, con trono en propiedad y vistas al resto de la humanidad.

El denominado como Dia del rock no pudo tener mejores anfitriones. Los Maiden lucieron su clásica puesta en escena con un decorado que envidiaría el propio productor de cine De Laurentiis y que en esta ocasión nos remontaba a la época precolombina, a un cruce entre la cultura maya y azteca, en uno de esos paseos por la historia que nos tiene acostumbrado la dupla Bruce Dickinson y Steve Harris, los cuales se mostraban tremendamente motivados, sin excesivo contacto entre ellos, pero con gran química con la grada, en especial el cantante, quien no paraba de brincar, moverse e incitar a la gente a seguir su contagioso y eléctrico ritmo.

Igualmente animado estaba Nicko McBrain, al que las cámaras instaladas junto a su semioculto set de batería dedicaban numerosas imágenes, constatando que sigue con la misma actitud juvenil y desenfadada.

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Si el mayor miedo de una banda consolidada es la recepción que pueda tener su último trabajo, pronto palparon que la audiencia no solo había aprendido la letra sino hasta la melodía de los solos y acordes de los grandes pasajes que tiene el 'Book Of Souls', interpretados majestuosamente por la terna de guitarras formadas por Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, quien pasó de estar ausente a dedicar muchos gestos de complicidad con las primeras filas.

La nefasta acústica del Pabellón era el único impedimento para que los Maiden rozaran la matrícula de honor. Un contratiempo ajeno a los británicos y que sigue condicionando a cualquier estrella que pisa el parqué madrileño.


Después de una buena ración del último disco, con seis canciones, incluyendo el tema dedicado al difunto actor Robin Williams y que toma el bonito nombre de Tears Of A Clown, el grupo rejuveneció unos cuantos años para rescatar tres de sus himnos más representativos, consiguiendo implicar incluso al 'alma' más escéptica.

El dúo formado por Hallowed Be Thy Name y Fear Of The Dark, cantadas ambas a coro por el auditorio, dio paso a la homónima Iron Maiden. La sintonía para entonces era total entre grupo y público. Una alianza que sellaba la mascota Eddie con su habitual aparición, siempre teatral y circense, siempre espectacular.



La caja de los truenos se había abierto y no había modo de silenciarla. Llegaba el tramo final con otro de los cortes más célebres, The Number Of The Beast, y dos menos habituales, o no tan asiduas en el repertorio, pero igualmente bien recibidas, Blood Brothers, haciendo hincapié en que lo que nos une es más que lo que nos separa, y Wasted Years como colofón, evidenciando que Iron Maiden no han malgastado el tiempo, que lo han invertido en ellos mismos y en nosotros, para que disfrutemos de su gigantesca figura, la de una de las mayores leyendas del rock.

domingo, 12 de junio de 2016

El primer partido de la historia de España vale su peso en plata

El fútbol en España siempre ha tenido mayor trascendencia a nivel de clubes que con la Selección. Muchos son los factores que han llevado a ese desapego, desde aspectos socio-políticos a deportivos, ya que el título de la Eurocopa de 1964 y el oro de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 apenas saciaban a una afición acostumbrada a los triunfos continentales de los equipos de la Liga.

El siglo XXI ha visto cambiar esta dinámica perdedora y tremendista de España, quien parecía condenada a ir a cualquier torneo con el cartel de favorito y regresar con las manos vacías tras su mejor partido. El 22 de junio de 2008, una tanda de penaltis en Viena ante Italia sirvió de purga e inicio de la etapa más dorada de la 'Roja', desde su estreno en partido oficial en 1920, cuando el equipo nacional se colgó la plata olímpica en Amberes.

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Los Juegos Olímpicos, único torneo deportivo internacional en Europa
Ante la ausencia de una Copa del Mundo, la cual no arrancaría hasta 1930, y de la Eurocopa, habría que esperar hasta 1960, los JJ.OO. se mostraban como el único escaparate donde las selecciones europeas celebraban encuentros internacionales de carácter oficial, dado que Sudamérica ya contaba desde 1916 con la pionera Copa América.

Aunque el fútbol había sido parte integrante del programa olímpico, no es hasta la edición de Londres 1908 cuando el certamen se disputa entre selecciones nacionales, bajo el paraguas del COI pero todavía sin el respaldo ni la organización de la FIFA, que no llegaría hasta 1924.

El estreno de los cinco anillos olímpicos
Se denomina como VII Olimpiada a los JJ.OO. celebrados en la ciudad de belga de Amberes entre el 20 de agosto y el 12 de septiembre de 1920, y donde España consiguió dos metales en aquella edición, ambos en deportes colectivos: polo y fútbol.

Europa se encontraba en pleno proceso de recuperación tras la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, motivo por el cual se consideraron como los 'Juegos de la Paz', bajo un nuevo emblema que se izaba por primera vez con fondo blanco y adornado con cinco anillos de colores, representativos de los cinco continentes.

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A pesar de ese aparente espíritu de concordia, ninguno de los vencidos en la Guerra habían sido invitados: Alemania, Austria, Turquía y Hungría.

La ausencia de participantes se notó en algunas de las pruebas, como en la de polo, donde España se subió al segundo lugar del cajón gracias a la existencia de solo cuatro participantes. En el fútbol sí había competencia, hasta 14 selecciones participaban por hacerse por algunos de los tres metales. Inglaterra, Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Egipto, España, Grecia, Luxemburgo y Yugoslavia.

El debut de España
El 28 de agosto de 1920, a las 15:30 horas, España iniciaba en el coqueto Stade Joseph Marien, casa del club Royale Union Saint-Gilloise de Bruselas, la andadura olímpica ante Dinamarca, una de las favoritas del torneo. Así describía el terreno de juego el diario ABC en su crónica publicada días después, el 7 de septiembre de 1920.

"Jugóse el partido en el campo del Unión Saint-Gilloise. Una verdadera maravilla de campo dé fútbol. No creo que haya otro que lo  pueda mejorar. Un amplio anfiteatro :ha sido aprovechado para el terreno de juego: rodéado de graderías trazadas en la misma tierra, cubiertas de verde, y en el .fondo, como cortinaje, un frondoso bosque, cuyas verdes hojas de sus árboles dan un tinte, de belleza admirable".

El primer partido de España en su historia deportiva se saldó con una soberbia actuación de Ricardo Zamora en la portería, como recalca la crónica de ABC "Hicieron un gran juego, atacando duramente y poniendo en un sin fin de ocasiones en dificilísimos trances a nuestro gran Zamora Los veinte últimos momentos del partido fueron de enorme emoción; el ataque fue desesperado y el juego no salió de nuestro campo".


Ricardo Zamora, España, Amberes 1920,España aguantó estoicamente ante un rival mejor. La superioridad escandinava era tanto táctica como física: "El partido nuestro contra los dinamarqueses fue uno de los' 'más emocionantes que he presenciado. El equipo danés estaba formado por hombres fuertes, fornidos, que conocían perfectamente el juego", destacaba el ABC en 1920.

"Arrate el defensa más grande que ha pisado campo de fútbol. Zamora tuvo la mejor tardé de su vida futbolística. Este es el "mayor elogio que se puede hacer del 'colosal juego qué hizo. Tuvo paradas, que, aun viéndolas, parecen cosas imposibles. Sé creció, se hizo un coloso"

España formó aquella tarde con Zamora (Barcelona); Otero (Real Vigo Sporting), Arrate (Real Sociedad), Samitier (Barcelona), Belauste (Athletic), Eguiazábal (Real Unión), Pagaza (Arenas), Sesumaga (Barcelona), Patricio (Real Unión), Rafael Moreno Aranzadi 'Pichichi' (Athletic), Acedo (Athletic).

El gol de la victoria llegó en el minuto 54, obra de Patricio Arabolaza, jugador del Real Unión de Irún y natural de la propia localidad guipuzcoana.

"Nos apuntamos un tanto por ninguno los centrados. Un pase que recoge Pagasa, y que, rápido, aprovechando un pequeño descuido de las defensas danesas, convierte en precioso centro, que es a su vez recogido por Patricio, que mete en la red la pelota. La ovación fue delirante. El público, en masa, era nuestro. Entre nosotros la emoción fue tan enorme, que a más de uno les vi correr las lágrimas-por la cara".

El extraño camino a la plata
El triunfo de España ante Dinamarca en la ronda preliminar permitió al plantel dirigido por el seleccionador madrileño Paco Bru clasificarse a los cuartos de final, donde esperaba la anfitriona, Bélgica.

España cayó ante los belgas por 3-1 en el Estadio Olímpico de Amberes merced a los tres goles anotados por el cañonero local Robert Coppée. A pesar de la derrota, el singular sistema del torneo daba la posibilidad a los cuatro eliminados en esta fase -España, Suecia, Italia y Noruega- seguir disputando rondas de forma paralela, un extraño torneo de consolación para acceder al bronce.

bandera España, España,

El primer escollo de España fue Suecia. El 0-1 en contra fue remontado de forma enérgica, en apenas 120 segundos, a través del empuje de Belauste, quien pronunció la famosa frase "Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo", previo a un empate que, efectivamente, terminó con dos futbolistas suecos dentro de la portería, junto al esférico. La machada la cerraba Acedo. Un duelo que se cerró con lesionados en ambos bandos. Una tarde histórica en Amberes que rescató el término peyorativo de la "furia española" para convertirlo desde ese instante en un halago para la Selección.

La 'furia española' avanza en el cuadro de consolación
El asedio vivido en 1576 en Amberes por parte de las encolerizadas tropas españolas, donde los tercios, desprovistos de provisiones, víveres y de su paga, entraron a abastecerse y saquear la ciudad, fue calificado por los historiadores holandeses como la 'furia española'.

El equipo olímpico español, que se estrenaba en el concierto internacional, recuperaba aquel término descalificativo como una alabanza de la prensa que definía la bravura de un equipo inferior en muchos apartados pero superior en ímpetu y gallardía.

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Plantilla de la selección de España en los JJ.OO. de Amberes de 1920.

Dos dianas del vizcaíno Sesúmaga concedieron el triunfo de España ante Italia, sobreponiéndose a la expulsión de Zamora y a la lesión de Pagoza. Otro encuentro dramático que se saldaba con victoria.

España se plantó en la última eliminatoria de la repesca ante Holanda, la cual había quedada previamente apeada en las semifinales. De nuevo fue un doblete de Sesúmaga el que llevó a los de Bru al triunfo. Pichichi cerró la cuenta del triunfo con un 3-1 que sabía a gloria y a bronce, aunque el premio terminó siendo sorprendentemente mayor.

La transformación del bronce en plata
VII Olimpiada, Amberes 1920, Juegos Olímpicos, JJ.OO., Amberes,La final del torneo olímpico de Amberes en 1920 midió a Bélgica contra Checoslovaquia. Una extraña cita que apenas duró 40 minutos. Justo el instante en el que los centroeuropeos renunciaron a continuar, con 2-0 en el marcador a favor de los anfitriones y uno de sus defensores, Steiner, expulsado.

Los checoslovacos abandonaron el césped y presentaron una protesta formal tanto por la labor arbitral, considerada por los checos como imparcial, así como por la imposibilidad de haber podido elegir a uno de los jueces de línea, amparándose en la norma que así lo permitía.

Además de todo esto, la creciente presencia de los soldados belgas a medida que avanzaba el reloj inquietó a los checos, máxime cuando el continente había vivido una guerra que había concluido año y medio antes.

La insólita renuncia de Checoslovaquia, única en la historia del fútbol provocó su descalificación y que España, campeona por la parte del cuadro de los eliminados, viera 'cambiar' el bronce por la plata. Este efecto dominó hizo que Holanda se ganara también un bronce inesperado. Un extraño colofón para el debut de España como Selección. Un inicio exitoso que necesitó de muchos años para que tuviera continuidad.

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