viernes, 24 de febrero de 2017

¡Vota por 'Memorias de una cinta VHS' en el concurso!

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jueves, 16 de febrero de 2017

Los cuatro partidos que separaron más a las dos Alemanias

Alemania es la nación que mejor representa la fractura que supuso la 'Guerra Fría' para la humanidad. El país fue dividido físicamente desde 1961 en dos mitades por el muro de Berlín, el cual hacía a su vez de límite del denominado telón de acero, separando la parte más dependiente de Estados Unidos de la que se cobijaba bajo la Unión Soviética, separando la Europa occidental de la oriental, el lado capitalista del comunista, a alemanes de alemanes.

Bandera de la Alemania Federal (RFA)
Bandera de la Alemania Oriental (RDA)









El deporte fue usado en ambos bandos como una gran reivindicación política.Y el fútbol, obviamente, fue parte de esta excusa. Cuatro fueron los grandes partidos entre la R.F.A. y la R.D.A., dos correspondientes a selecciones y otros tantos de clubes, evidenciando que la distancia entre ambos países era mucho más elevada que la altura del muro berlinés.


  • Alemania Federal ante Alemania Democrática en los Juegos Olímpicos, 8 de septiembre de 1972
El atentado terrorista perpetrado durante los Juegos Olímpicos de Múnich, el 5 de septiembre de 1972, por el comando palestino denominado ‘Septiembre Negro’ enturbió aún más el ambiente ya de por sí politizado en aquellas olimpiadas. En dicho suceso perdieron la vida once atletas israelitas, un policía alemán y varios secuestradores, provocando el caos y el desconcierto, aunque no se paralizara el certamen olímpico, el cual siguió su curso.

Las dos Alemanias cruzaron sus caminos en la segunda fase de la categoría de fútbol, en un duelo clave para la lucha por la medalla de bronce, apenas tres días después de la tragedia de Múnich y en el propio escenario donde se habían celebrado poco antes los homenajes a las víctimas.

De todos los futbolistas que participaron en el Olímpico de Múnich destacaban en el lado de la R.D.A. el guardameta Croy y los jugadores Streich, Pommerenke y Sparwasser, referentes del Magdeburgo y posteriores protagonistas del Mundial del 1974, mientras que el lado occidental contaba con un plantel casi juvenil, dado que en aquel entonces no podían participar futbolistas profesionales. Pese a ello, dos de los miembros de esta R.F.A. seguirían posteriormente con gran éxito su carrera ligada al fútbol del más alto nivel: Höeness -quien labraría tal reputación en el Bayern que terminaría incluso como presidente del club bávaro- y Ottmar Hitzfeld, cuya importancia sería mayor en los banquillos, haciendo décadas después campeón de Europa al Borussia Dortmund y también al Bayern.

El encuentro se convirtió en una sucesión de alternativas por ambos equipos. Abrió el marcador Pommerenke, para luego igualar Hoeness con un golazo de volea antes del descanso. El mismo guión se repitió en la segunda parte, siendo el tanto de Streich neutralizado por un gran cabezazo de Hitzfeld. Y a poco del final era otro testarazo de Vogel el que inclinaba la balanza hacia la RDA, privando a sus vecinos de optar a la medalla. La Alemania Democrática terminó colgándose el bronce al empatar 2-2 con la U.R.S.S. en el partido por el tercer y cuarto puesto.

Alemania Federal ante Alemania Democrática en el Mundial, 22 de junio de 1974
El partido más conocido de esta rivalidad entre las dos Alemanias fue el que se produjo dentro de la Copa del Mundo de 1974, edición en la que la Alemania occidental ejercía de anfitrión y la Alemania oriental se estrenaba en un cita mundialista. La casualidad del destino y de los bombos quisieron emparejar a ambas selecciones en el mismo grupo y hacer que su duelo cerrara la primera fase.

Chile y Australia eran los otros países que componían el grupo. El pobre papel de ambos planteles en el Mundial hizo que este 'derbi' entre las dos Alemanias se convirtiera en el emparejamiento decisivo para conceder la primera o segunda plaza de grupo, con ambos equipos ya clasificados hacia la siguiente ronda.

Hamburgo fue el escenario de este encuentro al que la RFA llegaba como favorito, tanto por jugar en casa como por contar con un mayor número de estrellas en su equipo, la mayor parte procedentes del Bayern Múnich y del Borussia Mönchengladbach, mientras que el Carl Zeiss Jena, Lokomotiv Leipzig y el Magdeburgo eran la base de la RDA, país con menor tradición futbolística y tradicionalmente más orientado al atletismo.

No eran las únicas diferencias de este partido, el cual era visto como un enfrentamiento político-social entre la Europa occidental y capitalista ante la Europa oriental y comunista; el Oeste contra el Este.

Bajo grandes medidas de seguridad, dada la magnitud e importancia del partido y el precedente de los Juegos Olímpicos de Múnich, arrancó un partido que se resolvió a los 77 minutos con un fulgurante ataque de la Alemania Democrática culminado por Sparwasser, delantero del Magdeburgo, quien se llevó con fortuna el cuero ante Beckenbauer y Vogts para después batir al legendario Maier, entrando así en la historia del fútbol.

Este triunfo por la mínima fue ensalzado desde el otro lado del muro como una victoria, más política que deportiva, aunque posteriormente saliera ganando el perdedor, dado que la derrota situó a  Alemania Federal en un grupo más asequible para la segunda ronda -con Polonia, Yugoslavia y Suecia-, mientras que Alemania Democrática compartió fase con Argentina, Brasil y Países Bajos, quien se terminaría citando en la final con la RFA, vencedor final de esta Copa del Mundo.



Bayern Múnich - Magdeburgo, 23 de octubre y 6 de noviembre de 1974
Si la casualidad había querido que las dos Alemanias se enfrentaran tanto en los Juegos Olímpicos como en el Mundial, el destino tenía previsto un retorcido desenlace al cruzar al Bayern con el Magdeburgo en los octavos de final de la Copa de Europa 1974-1975, dos equipos que habían decidido no enfrentarse meses antes por motivos políticos.

El Magdeburgo era uno de los equipos más poderosos de la Alemania Oriental. No en vano, la base del equipo olímpico que había terminado consiguiendo el bronce en 1972 y del equipo nacional del Mundial 1974 estaba formada por jugadores de dicho club.

El Magdeburgo estaba viviendo en los 70 su mejor momento de la historia tras haberse proclamado campeón de la R.D.A. en cuatro ocasiones y haber trasladado dicha hegemonía al viejo continente levantando la Recopa de Europa, derrotando al Milan en la final, quien previamente se había deshecho del Borussia Mönchengladbach, lo que hubiera supuesto una final entre alemanes por el extinto torneo.

El Bayern, por su parte, había comenzado su dominio en la Copa de Europa, que duraría tres curso, merced al célebre partido de desempate disputado ante el Atlético de Madrid que arrebató la 'orejona' a los colchoneros.

La recién instaurada Supercopa de Europa cumplía su tercera edición en 1974. Por primera vez este nuevo trofeo no se celebraría ya que medía al Bayern, campeón de la Copa de Europa, y al Magdeburgo, campeón de la Recopa. Si bien la versión oficial sería que no se pusieron de acuerdo con las fechas, las latentes tensiones entre las dos Alemanias pudieron provocar que no se hiciera un hueco en el calendario.

Los octavos de final de la Copa de Europa citaron a las dos instituciones por entonces más representativas de la R.F.A. y la R.D.A., al campeón de la Copa de Europa ante el vencedor de la Recopa, al Bayern de Maier, Beckenbauer, Müller, Hoeness y un jovencísimo Rummenigge frente al Magdeburgo de Pommerenke, Sparwasser y Hoffmann, quien luego sería oro en Montreal 1976. 

El 23 de octubre y el 6 de noviembre de 1974 fueron los dos días elegidos. El equipo bávaro logró remontar en el Olímpico de Múnich el 0-2 en contra, a través de un tempranero autogol y otra diana de Sparwasser, el protagonista del Mundial, con dos torpedos de Müller y otro tanto de Wunder, apagando el incendio inicial.

En la vuelta, donde hasta 7.000 personas velaban por la seguridad -incluyendo miembros de la Stasi-, el guión varió en todos los aspectos, hasta en la realización televisiva, siendo la retransmisión en blanco y negro y no en color, mientras que sobre el césped eran los muniqueses los que se adelantaron en esta ocasión con otro doblete de Müller. El postrimero gol de Sparwasser no evitó la clasificación del equipo de occidente, quien lograba vengar con su clasificación al combinado olímpico y la selección nacional de la Alemania Federal.



Tuvieron que pasar muchos años, concretamente hasta 1989, para que las barreras que separaban sendas Alemanias, empezando por el muro de Berlín, se desplomaran. Un nuevo país, lleno al principio de desconfianza e inseguridades, volvía a unirse. Nadie mejor que el grupo alemán Scorpions para resumir esas sensaciones con la canción Wind Of Change: "el mundo acercándose, pensaste alguna vez que podríamos estar tan juntos, como hermanos".

sábado, 11 de febrero de 2017

Skunk Anansie vuelven a dejarse la 'piel' en Madrid

Skunk Anansie se ha sumado a la moda de regresar en este milenio tras haberse hecho un nombre anteriormente en el mundo de la música. La formación londinense fue durante muchos momentos una de las innumerables grandes esperanzas del rock británico. Una etiqueta que les acompañaría durante sus primeros siete exitosos años de existencia y tres álbumes. Un periodo que ahora vive su segunda parte con otra trilogía de discos, tan sobresaliente o más que sus primeras tres entregas.

El batería Robbie France, recientemente fallecido precisamente en España, fue el responsable del nacimiento de Skunk Anansie. El polifacético France, que además de músico era productor y periodista, participó en la creación del disco de debut  'Paranoid & Sunburnt' (1995), para luego abandonar la formación, siendo el único miembro que ha dejado el combo inglés.

Skunk Anansie, logo, band,

Skin, Skunk Anansie, Madrid, Riviera, 2017,
Skin, cantante de Skunk Anansie
Skunk Anansie, además de mantener los mismos miembros desde el inicio, exceptuando el paso fugaz de Robbie France, destaca por la elegante y potente voz de Skin, acompañada de su aspecto agresivo ausente de pelo, pasando por el exotismo que aporta tanto el nombre del grupo como el bajista Richard Keith Lewis “Cass” o la propia Skin, y terminando con un trasfondo de eterna disconformidad, plasmada en unas letras plagadas de reivindicaciones político-sociales. Rabia. Mucha rabia contra el sistema y las desigualdades raciales y sexuales, evidenciadas al tener dos miembros de raza negra y una mujer al frente.

Rock en estado puro y a la vez renovado por las nuevas influencias tanto exteriores como internas, dada la creciente labor de la cantante también como DJ.

La mayor parte de los grupos que regresan lo hacen más por un brindis al sol que por la necesidad de ofrecer algo nuevo. Ese no ha sido el caso de Skunk Anansie. El combo inglés ha vuelto en buena parte por la presión de los seguidores, y también, restando romanticismo, por seguir haciendo negocio en una industria a la que cuesta ofrecer ideas, especialmente por parte de los grupos noveles.

Skunk Anansie había publicado tres maravillosos álbumes en la década de los noventa que dejaron huella y adeptos. Incluso el cine espoleó muchas de sus canciones, al incluir algunos de los temas en bandas sonoras de películas del momento, como el 'Arte de morir' o la futurista 'Días extraños'.
Cass, Skunk Anansie, Madrid, Riviera, 2017,
'Cass', bajista.

Justo antes de que entrara el siglo XXI, Skunk Anansie se había convertido en un bonito recuerdo que era recuperado con la aparición de un recopilatorio en 2009, antesala de una esperada segunda etapa, tan brillante o más que la anterior, y constituida con otra terna de trabajos: 'Wonderlustre' (2010), 'Black Traffic' (2012) y 'Anarchytecture' (2016), recién sacado del horno y presto para ser presentado en una nueva gira.


Skunk Anansie en la Sala La Riviera, el 10 de febrero de 2017
Una dupla formada por dos mujeres -guitarra y kit de batería- amenizaron la espera de la descarga principal de la noche. The Pearl Harts, que así se llamaba esta mínima expresión de grupo musical, cumplió con su cometido, máxime las limitaciones que supone no tener más variedad de instrumentos.

La Riviera asistía expectante ante el regreso de Skunk Anansie. Un público rejuvenecido y con mayoría femenina respondió de forma estruendosa a la entrada al escenario del quinteto inglés, liderado por una inquieta Skin, tan rebelde y sensual como siempre, tan dicharachera y pizpireta como hace dos décadas.


La química de la lenguaraz cantante londinense con el público fue inmediata, como una reunión de viejos amigos que llevan tiempo sin verse y que solo necesitan una pequeña chispa para recuperar sensaciones pasadas. Así fue el paso de Skin y los suyos por la ribera del Manzanares.

Todo funcionaba a la perfección. El sonido surgía tremendamente limpio, mención especial a la notoriedad del bajo de Cass en cada tema, uno de los sellos personales, una de las marcas de la casa. Por su parte la voz de Skin no sufría altibajos; es más, se exhibía, pese a lo inquieta que se mostraba durante las tablas. Tanto, que hasta llegó varias veces a saltar la valla para mezclarse con la audiencia, generando el delirio en las masas y el recelo de su personal de seguridad, mientras ella volaba literalmente sobre la sala madrileña.



El grupo seguía desgranando los temas con una aplastante seguridad: alternando la etapa primera con la actual, mezclando temas más tradicionales con otros experimentales, incluso extraídos de las pistas de baile, combinándolo con el ska y el rock alternativo, demostrando que el mestizaje no solo es racial sino también musical.

Because Of You, Weak, Twisted (Everyday Hurts), Hedonism (Just Because You Feel Good), God Loves Only You o la reivindicativas Little Baby Swastikkka y Yes It's Fucking Political se hacían notar en el variado repertorio elegido.

Tras casi una veintena de canciones se llegaba al obligado receso que daba paso a un bis donde reinaban Tracy's Flaw y Charlie Big Potato. Dos de los cortes más significativos de la trayectoria de la banda. El colofón más obvio a una noche que se iba a resistir a acabar.


Si algo ha caracterizado siempre a Skunk Anansie es por la rebeldía y por una relación muy directa con los fans. Por ello, presos de la emoción del momento y de la calurosa acogida, la formación repitió con otro bis no planeado y fuera de guión, tanto que hasta recibieron la advertencia de que estaban fuera de hora, con 100 Ways To Be A Good Girl y Charity como regalos añadidos, detalles que estrechan el vínculo entre público y grupo. De los que convierten a Skunk Anansie en uno de los favoritos de la capital, porque siempre se dejan la piel en cada actuación.

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