jueves, 14 de julio de 2016

Iron Maiden reescribe su nombre en el libro de las leyendas

Iron Maiden se ha convertido en una especie rara dentro del panorama musical internacional. La formación británica lleva 40 años paseando orgullosamente su nombre por los escenarios de todo el planeta, sin recurrir a los viejos éxitos por decreto. Sin dar la impresión de necesitar un gira para recuperar antiguas sensaciones porque las ideas se han estancado. Sin reunir a glorias pasadas para aparentar que nada ha cambiado, cuando todo es distinto. Sin la obligación de editar un disco o publicar unos grandes éxitos para hacer caja.

La 'Doncella de hierro' ha grabado su decimosexto trabajo tras cinco años de silencio. Un lapso de tiempo que se ha hecho eterno para su legión de seguidores, pero que ha merecido la pena dado el resultado final.

'The Book Of Souls' no es un disco cualquiera. Ni siquiera uno más. El sexteto ha escrito una de sus obras más redondas. Un cautivador álbum compuesto por unos músicos sexagenarios que llevan décadas compartiendo shows y glorificando el nombre del heavy metal.

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Iron Maiden. Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid

The Raven Age fueron los encargados de telonear a Iron Maiden. Se trata de una formación inglesa de reciente creación que practica un metal melódico y que cuenta en sus filas con George Harris, hijo del bajista de los Maiden.

A pesar del aval de Steve Harris, el novel grupo ni desmereció la oportunidad ni pareció estar en la cita gracias al apellido. Es más, dejó gratas sensaciones en su puesta de largo en la capital española.


Un abarrotado Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid recibió al combo británico con el mismo calor que emanaba el alquitrán de la cercana calle Goya, víctima, como el sufrido público, de los excesos de temperatura del verano madrileño.

El magnetismo de Iron Maiden es tremendamente poderoso, propio de uno de los grandes mitos del rock. Un Olimpo privilegiado donde llevan un tiempo instalados, con trono en propiedad y vistas al resto de la humanidad.

El denominado como Dia del rock no pudo tener mejores anfitriones. Los Maiden lucieron su clásica puesta en escena con un decorado que envidiaría el propio productor de cine De Laurentiis y que en esta ocasión nos remontaba a la época precolombina, a un cruce entre la cultura maya y azteca, en uno de esos paseos por la historia que nos tiene acostumbrado la dupla Bruce Dickinson y Steve Harris, los cuales se mostraban tremendamente motivados, sin excesivo contacto entre ellos, pero con gran química con la grada, en especial el cantante, quien no paraba de brincar, moverse e incitar a la gente a seguir su contagioso y eléctrico ritmo.

Igualmente animado estaba Nicko McBrain, al que las cámaras instaladas junto a su semioculto set de batería dedicaban numerosas imágenes, constatando que sigue con la misma actitud juvenil y desenfadada.

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Si el mayor miedo de una banda consolidada es la recepción que pueda tener su último trabajo, pronto palparon que la audiencia no solo había aprendido la letra sino hasta la melodía de los solos y acordes de los grandes pasajes que tiene el 'Book Of Souls', interpretados majestuosamente por la terna de guitarras formadas por Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, quien pasó de estar ausente a dedicar muchos gestos de complicidad con las primeras filas.

La nefasta acústica del Pabellón era el único impedimento para que los Maiden rozaran la matrícula de honor. Un contratiempo ajeno a los británicos y que sigue condicionando a cualquier estrella que pisa el parqué madrileño.


Después de una buena ración del último disco, con seis canciones, incluyendo el tema dedicado al difunto actor Robin Williams y que toma el bonito nombre de Tears Of A Clown, el grupo rejuveneció unos cuantos años para rescatar tres de sus himnos más representativos, consiguiendo implicar incluso al 'alma' más escéptica.

El dúo formado por Hallowed Be Thy Name y Fear Of The Dark, cantadas ambas a coro por el auditorio, dio paso a la homónima Iron Maiden. La sintonía para entonces era total entre grupo y público. Una alianza que sellaba la mascota Eddie con su habitual aparición, siempre teatral y circense, siempre espectacular.



La caja de los truenos se había abierto y no había modo de silenciarla. Llegaba el tramo final con otro de los cortes más célebres, The Number Of The Beast, y dos menos habituales, o no tan asiduas en el repertorio, pero igualmente bien recibidas, Blood Brothers, haciendo hincapié en que lo que nos une es más que lo que nos separa, y Wasted Years como colofón, evidenciando que Iron Maiden no han malgastado el tiempo, que lo han invertido en ellos mismos y en nosotros, para que disfrutemos de su gigantesca figura, la de una de las mayores leyendas del rock.

domingo, 12 de junio de 2016

El primer partido de la historia de España vale su peso en plata

El fútbol en España siempre ha tenido mayor trascendencia a nivel de clubes que con la Selección. Muchos son los factores que han llevado a ese desapego, desde aspectos socio-políticos a deportivos, ya que el título de la Eurocopa de 1964 y el oro de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 apenas saciaban a una afición acostumbrada a los triunfos continentales de los equipos de la Liga.

El siglo XXI ha visto cambiar esta dinámica perdedora y tremendista de España, quien parecía condenada a ir a cualquier torneo con el cartel de favorito y regresar con las manos vacías tras su mejor partido. El 22 de junio de 2008, una tanda de penaltis en Viena ante Italia sirvió de purga e inicio de la etapa más dorada de la 'Roja', desde su estreno en partido oficial en 1920, cuando el equipo nacional se colgó la plata olímpica en Amberes.

España, 2010. Selección, selección española,

Los Juegos Olímpicos, único torneo deportivo internacional en Europa
Ante la ausencia de una Copa del Mundo, la cual no arrancaría hasta 1930, y de la Eurocopa, habría que esperar hasta 1960, los JJ.OO. se mostraban como el único escaparate donde las selecciones europeas celebraban encuentros internacionales de carácter oficial, dado que Sudamérica ya contaba desde 1916 con la pionera Copa América.

Aunque el fútbol había sido parte integrante del programa olímpico, no es hasta la edición de Londres 1908 cuando el certamen se disputa entre selecciones nacionales, bajo el paraguas del COI pero todavía sin el respaldo ni la organización de la FIFA, que no llegaría hasta 1924.

El estreno de los cinco anillos olímpicos
Se denomina como VII Olimpiada a los JJ.OO. celebrados en la ciudad de belga de Amberes entre el 20 de agosto y el 12 de septiembre de 1920, y donde España consiguió dos metales en aquella edición, ambos en deportes colectivos: polo y fútbol.

Europa se encontraba en pleno proceso de recuperación tras la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, motivo por el cual se consideraron como los 'Juegos de la Paz', bajo un nuevo emblema que se izaba por primera vez con fondo blanco y adornado con cinco anillos de colores, representativos de los cinco continentes.

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A pesar de ese aparente espíritu de concordia, ninguno de los vencidos en la Guerra habían sido invitados: Alemania, Austria, Turquía y Hungría.

La ausencia de participantes se notó en algunas de las pruebas, como en la de polo, donde España se subió al segundo lugar del cajón gracias a la existencia de solo cuatro participantes. En el fútbol sí había competencia, hasta 14 selecciones participaban por hacerse por algunos de los tres metales. Inglaterra, Checoslovaquia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Egipto, España, Grecia, Luxemburgo y Yugoslavia.

El debut de España
El 28 de agosto de 1920, a las 15:30 horas, España iniciaba en el coqueto Stade Joseph Marien, casa del club Royale Union Saint-Gilloise de Bruselas, la andadura olímpica ante Dinamarca, una de las favoritas del torneo. Así describía el terreno de juego el diario ABC en su crónica publicada días después, el 7 de septiembre de 1920.

"Jugóse el partido en el campo del Unión Saint-Gilloise. Una verdadera maravilla de campo dé fútbol. No creo que haya otro que lo  pueda mejorar. Un amplio anfiteatro :ha sido aprovechado para el terreno de juego: rodéado de graderías trazadas en la misma tierra, cubiertas de verde, y en el .fondo, como cortinaje, un frondoso bosque, cuyas verdes hojas de sus árboles dan un tinte, de belleza admirable".

El primer partido de España en su historia deportiva se saldó con una soberbia actuación de Ricardo Zamora en la portería, como recalca la crónica de ABC "Hicieron un gran juego, atacando duramente y poniendo en un sin fin de ocasiones en dificilísimos trances a nuestro gran Zamora Los veinte últimos momentos del partido fueron de enorme emoción; el ataque fue desesperado y el juego no salió de nuestro campo".


Ricardo Zamora, España, Amberes 1920,España aguantó estoicamente ante un rival mejor. La superioridad escandinava era tanto táctica como física: "El partido nuestro contra los dinamarqueses fue uno de los' 'más emocionantes que he presenciado. El equipo danés estaba formado por hombres fuertes, fornidos, que conocían perfectamente el juego", destacaba el ABC en 1920.

"Arrate el defensa más grande que ha pisado campo de fútbol. Zamora tuvo la mejor tardé de su vida futbolística. Este es el "mayor elogio que se puede hacer del 'colosal juego qué hizo. Tuvo paradas, que, aun viéndolas, parecen cosas imposibles. Sé creció, se hizo un coloso"

España formó aquella tarde con Zamora (Barcelona); Otero (Real Vigo Sporting), Arrate (Real Sociedad), Samitier (Barcelona), Belauste (Athletic), Eguiazábal (Real Unión), Pagaza (Arenas), Sesumaga (Barcelona), Patricio (Real Unión), Rafael Moreno Aranzadi 'Pichichi' (Athletic), Acedo (Athletic).

El gol de la victoria llegó en el minuto 54, obra de Patricio Arabolaza, jugador del Real Unión de Irún y natural de la propia localidad guipuzcoana.

"Nos apuntamos un tanto por ninguno los centrados. Un pase que recoge Pagasa, y que, rápido, aprovechando un pequeño descuido de las defensas danesas, convierte en precioso centro, que es a su vez recogido por Patricio, que mete en la red la pelota. La ovación fue delirante. El público, en masa, era nuestro. Entre nosotros la emoción fue tan enorme, que a más de uno les vi correr las lágrimas-por la cara".

El extraño camino a la plata
El triunfo de España ante Dinamarca en la ronda preliminar permitió al plantel dirigido por el seleccionador madrileño Paco Bru clasificarse a los cuartos de final, donde esperaba la anfitriona, Bélgica.

España cayó ante los belgas por 3-1 en el Estadio Olímpico de Amberes merced a los tres goles anotados por el cañonero local Robert Coppée. A pesar de la derrota, el singular sistema del torneo daba la posibilidad a los cuatro eliminados en esta fase -España, Suecia, Italia y Noruega- seguir disputando rondas de forma paralela, un extraño torneo de consolación para acceder al bronce.

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El primer escollo de España fue Suecia. El 0-1 en contra fue remontado de forma enérgica, en apenas 120 segundos, a través del empuje de Belauste, quien pronunció la famosa frase "Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo", previo a un empate que, efectivamente, terminó con dos futbolistas suecos dentro de la portería, junto al esférico. La machada la cerraba Acedo. Un duelo que se cerró con lesionados en ambos bandos. Una tarde histórica en Amberes que rescató el término peyorativo de la "furia española" para convertirlo desde ese instante en un halago para la Selección.

La 'furia española' avanza en el cuadro de consolación
El asedio vivido en 1576 en Amberes por parte de las encolerizadas tropas españolas, donde los tercios, desprovistos de provisiones, víveres y de su paga, entraron a abastecerse y saquear la ciudad, fue calificado por los historiadores holandeses como la 'furia española'.

El equipo olímpico español, que se estrenaba en el concierto internacional, recuperaba aquel término descalificativo como una alabanza de la prensa que definía la bravura de un equipo inferior en muchos apartados pero superior en ímpetu y gallardía.

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Plantilla de la selección de España en los JJ.OO. de Amberes de 1920.

Dos dianas del vizcaíno Sesúmaga concedieron el triunfo de España ante Italia, sobreponiéndose a la expulsión de Zamora y a la lesión de Pagoza. Otro encuentro dramático que se saldaba con victoria.

España se plantó en la última eliminatoria de la repesca ante Holanda, la cual había quedada previamente apeada en las semifinales. De nuevo fue un doblete de Sesúmaga el que llevó a los de Bru al triunfo. Pichichi cerró la cuenta del triunfo con un 3-1 que sabía a gloria y a bronce, aunque el premio terminó siendo sorprendentemente mayor.

La transformación del bronce en plata
VII Olimpiada, Amberes 1920, Juegos Olímpicos, JJ.OO., Amberes,La final del torneo olímpico de Amberes en 1920 midió a Bélgica contra Checoslovaquia. Una extraña cita que apenas duró 40 minutos. Justo el instante en el que los centroeuropeos renunciaron a continuar, con 2-0 en el marcador a favor de los anfitriones y uno de sus defensores, Steiner, expulsado.

Los checoslovacos abandonaron el césped y presentaron una protesta formal tanto por la labor arbitral, considerada por los checos como imparcial, así como por la imposibilidad de haber podido elegir a uno de los jueces de línea, amparándose en la norma que así lo permitía.

Además de todo esto, la creciente presencia de los soldados belgas a medida que avanzaba el reloj inquietó a los checos, máxime cuando el continente había vivido una guerra que había concluido año y medio antes.

La insólita renuncia de Checoslovaquia, única en la historia del fútbol provocó su descalificación y que España, campeona por la parte del cuadro de los eliminados, viera 'cambiar' el bronce por la plata. Este efecto dominó hizo que Holanda se ganara también un bronce inesperado. Un extraño colofón para el debut de España como Selección. Un inicio exitoso que necesitó de muchos años para que tuviera continuidad.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Radivoj Korać, el anotador inmortalizado en un trofeo

La historia del baloncesto europeo está repleta de nombres que han engrandecido el deporte. Uno de ellos fue el yugoslavo Radivoj Korać. Una estrella no solo capaz de hacer brillar a su equipo y selección, sino de dejar un registro casi inalcanzable, lo que le valió ser reconocido por toda la comunidad internacional del deporte de la canasta de forma póstuma. 

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Si hiciésemos una encuesta popular con los diez jugadores más determinantes en el viejo continente, aparecerían figuras de la talla de Pau Gasol, Drazen Petrovic, Dirk Nowitzki, Arvydas Sabonis, Tony Parker, Vlade Divac, Juan Carlos Navarro, Dijo Radja, Dimitrios Diamantidis, Dejan Bodiroga, Fernando Martín, Epi, Rimas Kurtinaitis, Aleksandar Djordjevic, Predrag Danilović, Drazen Dapipagic, Milos Teodosic, Dino Meneghin, Detlef Schrempf, Antonello Riva, Nikos Galis, Zarko Paspalj, Felipe Reyes, Stojan Vrankovic, Panagiotis Giannakis... Nadie o muy pocos mencionarían a Radivoj Korać.

Radivoj Korac, el saltador que hizo al OKK ser el tercer equipo del país
OKK Belgrado, Yugoslavia, Yugoslavija,Korac nació en 1938 en Sombor, actual Serbia y por aquel entonces parte del Reino de Yugoslavia. La vida de Korac siempre estuvo vinculada al deporte, aunque no al de la canasta, destacando como atleta especializado en el salto de altura. Fue el entrenador Borislav Stanković, posteriormente dirigente de la FIBA, el que se convertiría en su descubridor para el basket.

El gran rendimiento deportivo de Korac le llevó pronto, desde 1955, a formar parte de la primera plantilla del OKK Belgrado, siendo un elemento clave de la edad de oro vivida por la entidad belgradense.

No en vano, seis de los siete títulos conseguidos en toda su vida deportiva por el OKK -4 Ligas y 3 Copas-, llegaron en alguna de las doce temporadas en las que Korac estuvo en sus filas (1955-67).

El OKK se había convertido, de este modo, en una alternativa más al título yugoslavo, tradicionalmente en manos del Estrella Roja de Belgrado o del Olimpija Ljubljana.

Radivoj Korac, el rubio que lanzaba a cuchara y machacaba el aro
A pesar de su llegada tardía y casual al baloncesto, los movimientos de Korac como ala-pivot eran gráciles y tremendamente estéticos. Solo el lanzamiento de tiro libre a cuchara, un estilo compartido en esta época por otros jugadores, deslucía la técnica depurada de este colosal anotador zurdo que incluso terminaba algunas jugadas machacando el aro, recurso inusual en aquel entonces en las canchas europeas.




Korac es sinónimo de plata
El éxito de las naciones balcánicas en el baloncesto no fue siempre constante. De hecho, la gran explosión internacional de Yugoslavia en el podio de las grandes citas internacionales coincidió también con la presencia de Korac en el plantel yugoslavo.

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La plata del europeo celebrado en casa en Belgrado, en 1961, sirvió de escopetazo inicial para estrenar el medallero yugoslavo en el baloncesto. Un deporte que no dejaría de dar alegrías a los 'plavi' y a Korac, quienes parecían abonados a ocupar el amargo segundo escalón del cajón del podio. Una barrera que empezaría a romperse a partir de 1970 con el oro logrado en el Mundial.

Palmarés de Korac con Yugoslavia
                                                    MetalTorneoSedeAño
                                                  PlataEurobasketBelgrado1961
                                                  PlataMundialBrasil1963
                                                  BronceEurobasketPolonia1963
                                                     PlataEurobasketMoscú1965
                                                     PlataMundialUruguay1967
                                                   PlataJJ.OO.México1968


Korac, el devorador de registros
La misma facilidad que tenía Korac para devorar libros y dejarse llevar por la música, la tenía por pulverizar registros y engordar los guarismos de su equipo y selección.

A nivel colectivo sumó siete títulos -seis con el OKK de Belgrado y uno con el Standard de Lieja-, mientras que en el plano individual se erigió como máximo anotador en cuatro de los campeonatos internacionales en los que participó (3 europeos y Juegos Olímpicos), y de ocho a nivel nacional.

Dejó el abrumador dato de 157 internacionalidades con Yugoslavia y 3.153 puntos. Es decir, más de 20 puntos de media por partido en toda su carrera. Una cifra que se disparó en un recordado partido de la Copa de Europa.

Korac roza el récord de Chamberlain
El máximo torneo continental de la edición 1964-65 disfrutó de la mayor anotación individual realizada en toda la historia del baloncesto europeo, justo un par de años después del récord de Chamberlain.
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El norteamericano Wilt Chamberlain logró el 2 de marzo de 1962 100 puntos en la victoria de su equipo, los Philadelphia Warriors, contra los New York Knicks (169-147).  

Chamberlain jugó los 48 minutos y cuatro cuartos para firmar un centenar de puntos. Récord absoluto de la NBA. Resaltando que en esa época no existía línea de tres puntos.

La marca de Chamberlain estuvo cerca de ser superada por Korac el 14 de enero de 1965 cuando el alero yugoslavo se quedó en los 99 puntos, 65 de ellos en la segunda parte, la cual constaba de 20 minutos, no todos disputados por Korac, en el duelo de octavos de final de la Copa de Europa entre el OKK Belgrado y el Alvik de Suecia, edición en la que los belgradenses cayeron en semifinales ante el Real Madrid.

Para magnificar aún más la hazaña, tampoco había tiros triples en aquella campaña en el viejo continente, no se implantó hasta la década de los 80, ni constancia en el plantel del OKK de lo cerca que anduvo Korac del mítico registro de Chamberlain, ya que además descansó algunos minutos en el banquillo. Y eso que falló tres tiros libres. Una suerte en la que era todo un seguro.

El show de Korac en la TV belga
El histórico partido en el que Korac anotó 99 puntos, 11 de ellos llegaron solo a través de los tiros libres con su particular estilo de 'cuchara'. El jugador yugoslavo dispuso de 14 lanzamientos desde la línea de personal en aquel encuentro, lo que supone un 78% de acierto.

Unos años después, en la temporada 1967-68, Korac se encontraba en una nueva aventura defendiendo los colores de Lieja y participó en un programa de la televisión belga donde se le propuso lanzar tiros libres para medir su eficacia anotadora. Poco antes de arrancar la serie se le preguntó cuál sería el resultado, humildemente contestó "que estaría sobre el 70%". Korac acertó el centenar de lanzamientos que intentó, uno tras otro, dejando asombrado al público.


Prematuro fallecimiento
Radivoj Korać murió en un accidente de circulación en los alrededores de Sarajevo el 2 de junio de 1969, apenas cumplidos los 30 años de edad. Tal fue la conmoción que la federación yugoslava de baloncesto decidió no celebrar nunca ningún encuentro en esa fatídica fecha.

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Homenajes póstumos
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Trofeo Copa Korac
A imagen y semejanza de la Copa de la UEFA de fútbol, la Federación Internacional de Baloncesto en Europa creó en 1971 un tercer torneo continental que lo disputaban los equipos que no fueran campeones ni de la Liga ni de la Copa de sus respectivos países y hubieran quedado clasificados entre los primeros puestos de sus torneos nacionales.

El trofeo fue bautizado como Copa Korac y en su primera edición se invitó a ocho equipos a participar, entre ellos su querido OKK Belgrado, quien perdió en la final de 1972 ante la Cibona de Zagreb, club que posteriormente serviría de escaparate para otra leyenda del basket balcánico fallecido también en otro desgraciado accidente de tráfico: Drazen Petrovic.


La Copa Korac se disputó durante tres décadas, hasta 2002. El último vencedor fue el cuadro francés del Nancy, antes de que la Korac fuera renombrada a Copa ULEB. La razón de este cambio no era otra que el divorcio vivido en aquellos años en el basket europeo entre algunos clubes y la FIBA, que conllevó a incluso a que existieran varios torneos de Copa de Europa a la vez.


Coincidiendo con este cambio de nombre del torneo, que amenazaba con olvidar el apellido del jugador, la Federación de baloncesto de Serbia y Montenegro retomó en 2002 el espíritu de honrar la figura de Korac y bautizó su segundo campeonato nacional como Copa Korac. Un homenaje póstumo para no olvidar a uno de los mejores anotadores del baloncesto europeo.

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