viernes, 7 de noviembre de 2014

El Paulistão de 1973, el sorprendente último título de Pelé

Un partido de fútbol puede pasar a la historia por muchos motivos. Entre las razones de incluirlo para la posteridad estarían: la calidad del juego y de los goles, la importancia de la competición que se disputó, los futbolistas que tomaron parte o la relevancia que tuvo aquel acontecimiento.

La final del Campeonato Paulista (Brasil) celebrado en 1973 entre Santos y la Portuguesa es uno de esos encuentros que cumplen con todos los ingredientes mencionados. Un duelo legendario en todos los sentidos.

Sao Paulo

El Campeonato Paulista
El Campeonato Paulista o Paulistao es el torneo de fútbol que se juega en Brasil dentro del estado de Sao Paulo, el cual tiene una población de unos 40 millones de personas y un buen número de los clubes más importantes del país.

La competición se estrenó en 1902. Desde entonces hasta 16 conjuntos han escrito su nombre como vencedores. Un listado de campeones comandado por su póker de conjuntos más importantes:
  • Corinthians
  • Palmeiras
  • Sao Paulo 
  • Santos 
Los cuatro equipos citados cuentan con más de 20 títulos Paulistas en sus vitrinas. Marcando una distancia considerable sobre el resto de clubes en la clasificación histórica estatal. Club Athletico Paulistano, SPAC y La Portuguesa, indiscutible protagonista, junto a Santos, de la edición disputada en 1973.

El Paulistao de 1973
Santos y Portuguesa accedieron a la final debido a que cada uno se había adjudicado con una ronda del campeonato estatal. La cita se produjo el 26 de agosto en un abarrotado Morumbi que registró 116.000 espectadores.

Santos vs Portuguesa, escudos

Dos grandes referentes del fútbol nacional como Carlos Alberto y Pelé, junto a otros más desconocidos pero igualmente destacables -como Edú y Lima-, ejercían de referentes de un Santos que estaba tocando a su fin de una de sus épocas más gloriosas.
      El partido fue tremendamente igualado durante los 90 minutos iniciales. Las únicas ocasiones llegaron de lanzamientos de falta. Durante la posterior prórroga, Portuguesa estuvo más cerca de inclinar la balanza hacia su lado con una oportunidad en el último suspiro que hubiera deshecho el empate del marcador.


      Este encuentro nunca hubiera trascendido si no fuera por la tanda de penaltis que se celebró para esclarecer el campeón y donde el colegiado Armando Marques se convirtió en el indiscutible protagonista.

      El 'Peixe', como se conoce a Santos, se adelantó por dos penas máximas a su rival. En el tercer lanzamiento de Portuguesa, el esférico impactó con violencia en el travesaño tras el golpeo de Wilsinho.

      El árbitro Marques decretó el final haciendo que el guardameta Cejas saltara de alegría y se dirigiera a abrazar al resto de compañeros. Nadie se percató que existía la posibilidad del empate, en caso de que Santos hubiera fallado los penaltis restantes que disponían y que Portuguesa hubiera acertado con las suyas.

      Este Paulistao de 1973 se trató del último campeonato conseguido en Brasil por Pelé. Más tarde, en 1977, llegaría el título de North Amercan Soccer League (NASL) a lomos del exótico New York Cosmos, con el que puso fin a su carrera deportiva profesional.

      Pelé, Santos
      Pelé con la camiseta del Santos (Foto extraída de Wikipedia, libre de derechos)

      Si la presencia de Pelé garantizaba un hueco a este encuentro en los almanaques deportivos. Su resolución hizo de este duelo entre Santos-Portuguesa un capítulo aparte dentro de los anales del balompié paulista y brasileño.

      Otto Glória, entrenador carioca del conjunto luso, mandó a todos sus jugadores al vestuario, consciente del error arbitral y de las mayores posibilidades que existían para sus intereses si no permanecían sobre el césped. Para ese momento en el terreno de juego se había producido la habitual invasión de periodistas y de algunos aficionados, nubes de personas que revoloteaban alrededor de Pelé y el testo de integrantes del cuadro albinegro.

      En ese instante, un cuarto de hora después, se advirtió al colegiado de su error y trató de subsanarlo llamando a los futbolistas de Portuguesa, quienes de manera muy hábil, y aconsejados por su experimentado técnico, ya habían abandonado las instalaciones de Morumbi en autobús.

      En las sucesivas horas, de manera salomónica, la Federación Paulista no tuvo más remedio que considerar campeones a sendos conjuntos. Siendo el trofeo Paulista de 1973 compartido entre Portuguesa y Santos. Una Copa, que como hemos visto, ha pasado a la historia por muchas razones.

      miércoles, 22 de octubre de 2014

      Cuatro años, 200 entradas publicadas y una canción triste

      El título que he dado a este 'post' parece sacado del estribillo de una canción de Joaquín Sabina o  de un libro de Pablo Neruda. La razón no es otra que el blog ha cumplido esta semana su cuarto año de vida. Para ser más exactos, el pasado 20 de octubre.

      Además de este aniversario, ayer me fijé que la última entrada que escribí sobre la película de Oliver Stone era la número 200. Un doble centenario que se convierte en una doble celebración para este espacio.

      cintas VHS

      Los cuatro años de este blog han dado para mucho: han dado para conocer a nuevas personas -la mayor parte de ellos 'aparecen' aquí a la derecha, con los enlaces a sus bitácoras-, han servido para volver a palpar el cariño de muchos viejos amigos y también para ejercitar el precioso arte de contar historias y de escribir.

      A todos ellos, y a los visitantes anónimos que han terminado siendo habituales de este sitio, quiero dar las gracias por vuestra fidelidad a estas 'Memorias de una cinta VHS'.


      Aunque no puedo escribir con la misma constancia que antes debido al trabajo, que más que trabajo es un hobbie remunerado -podéis leerme también en la web de Goal.com :-) -, siempre intento sacar hueco para, al menos, meter un nuevo tema de vez en cuando. 

      La idea es seguir con este proyecto durante mucho tiempo. Empezar parece lo más difícil, pero lo más complicado es finalmente mantenerse y ser constante. Para ello necesitaré mucha dosis de paciencia y dedicación, porque la suerte y la fortuna están aparentemente de mi lado, proporcionado por el regalo de musamolona, ¡gracias! Un gato que saluda a un mañana mejor. Esperemos que sea así.


      No me olvido de la fecha
      Como muchos sabéis, estos días son siempre muy complicados para mí. El 20 de octubre de 2011 falleció una de las mejores personas que he conocido. Si ya es jodido desprenderse de alguien así, más lo es cuando te queda mucho por disfrutar y cuando la vida se va de forma tan brusca.

      Este blog lo empecé hablando del grupo W.A.S.P., por mi devoción a uno de sus discos y a su cantante Blackie Lawless, quien también perdió a una persona cercana en un accidente y a quien le dedicó un tema. Una canción que hoy, y por muchos años, sonará también para José Luis.

      W.A.S.P. - Forever Free



      The wind cries her name in the breeze
      But I can't hold her anymore
      Some fallen angel had come to me
      And fell to heavy on my soul
      And stole from me the love that I heard
      Lords of time say never die
      And said- don't cry for me, cause I'll be
      Riding the wind forever free
      High in the wind forever free
      I'll ride the wind forever free
      High in the wind forever free
      Forever free.

      jueves, 16 de octubre de 2014

      'Un domingo cualquiera' para Oliver Stone

      El género deportivo nunca ha contado con grandes referentes en la historia del cine. A excepción del boxeo, capaz por sí solo de proporcionar la base argumental para películas de gran trascendencia en la historia del séptimo arte, como: 'Rocky', 'Toro Salvaje', 'Campeón', 'Million Dollar Baby'...

      Los deportes más populares en el planeta -fútbol, baloncesto y fútbol americano- han sido víctimas, en líneas generales, de ser llevados a la gran pantalla bajo guiones simples, basados en hechos reales, con la superación y previsibilidad como bandera, recreando las hazañas de equipos pequeños que se hacían grandes y superaban la adversidad.

      A todo ello se añadía que capitaneando el proyecto se encontraba o un director novel o alguien sin la trayectoria para dar seriedad a la cinta. Por todo ello, sorprendió que un director como Oliver Stone se embarcara en la tarea de rodar una película con el fútbol americano como eje argumental.

      Oliver Stone, el director de las barras y estrellas
      La temática usada por Oliver Stone es tan variada como la propia población de los Estados Unidos. Si bien, todas sus películas guardan algo en común cuando se las observa en conjunto: compilar un pedazo de la historia moderna de su país, entendiéndolo en un sentido amplio.

      La trilogía basada en la Guerra de Vietnam -'Nacido el 4 de julio', 'Platoon' y 'El cielo y la tierra'- representan los miedos de un conflicto perdido que debilitó a toda una generación estadounidense. De igual modo que todos ellos quedaron marcados por dos presidentes -Kennedy y Nixon- a quienes Stone los dedica otro par de obras.


      Nueva York no podía faltar en su filmografía de este 'hijo de la Gran Manzana' para quien 'Wall Street' es la mirada crítica al capitalismo más despiadado, al sistema social y económico que transformó a la nación en el motor del planeta.

      Otras tres piezas del puzzle que usa el cineasta para dar forma a Norteamérica son el rock -reflejados a través de los acordes de los 'Doors'-, el uso de las armas o la violencia -'Natural Born Killers' y 'Giro Al Infierno'- y el deporte, donde encaja este 'Domingo Cualquiera' preparado por Oliver Stone en el calendario de 1999.

      Mucho más que fútbol americano
      No hay que caer en la trampa, 'Un domingo cualquiera' no es una película simple sobre un deporte que en Europa no tiene casi repercusión. 'Un domingo cualquiera' es mucho más. Se trata de un compendio de problemas que afectan actualmente al profesionalismo de todos los deportes. Situaciones tan comunes y universales como:
      • La dureza y exigencia del deporte al máximo nivel
      • La lucha de egos dentro del vestuario
      • Los retos a nivel de grupo y a nivel personal, los cuales hacen de los futbolistas cada vez más egoístas
      • La pérdida de pasión tras dar el salto desde la Universidad a la Ligas mayores
      • La motivación para afrontar un partido
      • El racismo y el machismo, personalizados en la presencia de un quaterback negro y una joven presidenta
      • Las relaciones entre el entrenador y la cúpula directiva
      • Las relaciones entre un entrenador y su plantilla
      • El poder que ejercen las franquicias sobre las ciudades de los EE.UU.
      • El final de la carrera deportiva de un mito. Las repercusiones en su entorno familiar
      • El peso de la fama y la crítica a crear iconos
      • El lado oculto: las juergas, prostitución, drogas, alcohol, la ética médica y el dopaje
      • La presión de los medios de comunicación
      • La desmedida importancia de la publicidad y el merchandising en cualquier deporte
      • Las decisiones a la hora de renovar, fichar y despedir en una plantel

      Un equipo ficticio con problemas reales
      Para tejer toda esta historia, Stone crea una franquicia ficticia denominada 'Sharks' (tiburones), presidida por Cameron Diaz, donde el quaterback principal de la institución -interpretado por Dennis Quaid- se lesiona, teniendo el entrenador -Al Pacino- que ceder la batuta a un joven debutante -papel estelar que asume el actor Jamie Foxx-.

      Oliver Stone ofrece sucesivos guiños al espectador acostumbrado al mundo de la NFL, la cual se quiso mantener al margen del film y no cedió los derechos para usar los logotipos. Los Sharks están afincados en Miami, sede habitual de los Dolphins (delfines), cuya estrella histórica, Dan Marino, llevaba el dorsal 13, mismo número usado por el rookie de los Miami Sharks. No es la única aportación del legendario Marino, dado que su casa hizo de decorado y de mansión para el personaje interpretado por Quaid.

      Camiseta y símbolo de los Miami Dolphins

      Un aficionado tras las cámaras
      Oliver Stone demuestra su pasión como aficionado al fútbol americano y su maestría en la dirección. Stone, quien hace un cameo en la película como analista en la radio, se recrea en los planos cortos, en meter la cámara en el interior del juego. Un estilo heredado de los videoclips y de las retransmisiones por TV.

      También hay lugar para las pruebas, como ciertas tomas aéreas o ángulos inesperados de cámara, deleitándose con un sello personal que ya estaba practicando anteriormente de intercalar fragmentos a distintas velocidades de reproducción, mezclando el blanco y negro o el sepia en las escenas. Todo ello salpicado con una banda sonora que pone ritmo a las vertiginosas acciones sobre el césped donde el punto violento, marca de la casa, vive su cenit con la secuencia del globo ocular.

      Oliver Stone delata sus colores cuando en el guión se habla de Joe Montana o cuando los Sharks se juegan la final de los 'play-offs' contra la franquicia de San Francisco, la verdadera devoción del cineasta en el fútbol americano. Pero si por algo es recordada esta cinta es por el extraordinario discurso de Al Pacino, motivador como pocos.


      El motivador discurso de Al Pacino
      "No sé qué decir en realidad. Tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales. Todo se reduce a hoy. O, nos curamos como equipo, o nos desmoronamos. Jugada a jugada, pulgada a pulgada, hasta el final. Ahora estamos en el infierno, caballeros. Creedme. Y, o nos quedamos aquí dejándonos machacar o, luchamos por volver a la luz. 

      Podemos salir del infierno, pulgada a pulgada. Yo no puedo hacerlo por vosotros. Soy muy viejo. Miro alrededor y veo esas jóvenes caras y pienso… He cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer. He despilfarrado todo mi dinero, podéis creerlo. He echado de mi vida a todo el que me ha amado. Y últimamente ni siquiera soporto la cara que veo en el espejo.

      Mirad, cuando te haces mayor en la vida, hay cosas que se van. Vamos, eso... Eso es parte de la vida. Pero sólo aprendes eso cuando empiezas a perder esas cosas. Descubres que la vida es cuestión de pulgadas. Así es el fútbol, porque, en cada juego, la vida o el fútbol. El margen de error es muy pequeño. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a pasarla. Medio segundo más lento o más rápido y no llegas a cogerla.

      Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor. Están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno. En este equipo nos dejamos nosotros y cada uno de los demás por esa pulgada que se gana. Porque cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos esas pulgadas. Eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre GANAR O PERDER... ENTRE VIVIR O MORIR.


      Os diré una cosa, en cada lucha, aquel que va a muerte es el que gana ese terreno. Y sé que si queda vida en mí es porque aun quiero luchar, y morir por esa pulgada. Porque vivir, consiste en eso. Las seis pulgadas frente a vuestras caras. Yo no puedo convenceros de que lo hagáis. Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado, ¡MIRADLE A LOS OJOS!

      Creo que vais a ver a un tío dispuesto a ganarla con vosotros. Vais a ver a un tío que se sacrificara por este equipo. Porque sabe que cuando llegue la ocasión, vosotros haréis lo mismo por él. Eso es un equipo, caballeros. Y... o nos curamos.. ahora como equipo. O moriremos como individuos.

      Eso es el fútbol, chicos. Eso es todo lo que es. Ahora... ¿Qué vais a hacer?"

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