miércoles, 2 de abril de 2014

De la portería derribada por Laumen a la del Bernabéu

Las porterías son tan indispensables en un partido de fútbol como los son el balón o los propios jugadores. Vamos a repasar tres momentos de la historia en los que los tres palos tuvieron un gran protagonismo, acaparando toda la atención y teniendo al mes de abril y a Jupp Heynckes como testigo en dos de ellas.


Herbert Laumen: de profesión, perforador de porterías
A principios de los años 70, el Borussia Mönchengladbach estaba disfrutando de su momento más dulce, de una de sus mejores etapas. El campeonato del curso 1969-1970 les convertía en uno de los rivales a batir para la siguiente temporada, 1970-71.

El secreto estaba en un plantel tremendamente equilibrado con Berti Vogts en la defensa; Rainer Bonhof y Günter Netzer en la media, la cual contaba con los goles de Jupp Heynckes y Herbert Laumen, dos artilleros de lujo para la delantera de los llamados 'potros' -debido a la juventud que atesoraba este equipo dirigido por el técnico Weisweiler-.


De tal palo, tal aluminio
Laumen defendió la camiseta del Gladbach desde 1962 a 1971. En su última temporada para los de Renania vivió uno de los momentos más anecdóticos de la competición alemana. Era el 3 de abril de 1971, el Borussia jugaba en casa, en el viejo Bökelberg, contra el Werder Bremen. El marcador reflejaba empate en el marcador y Laumen era llamado a filas para buscar el postrimero gol salvador.

En el minuto 88, el balón sobrevolaba la portería visitante y el ímpetu de Laumen a la hora de rematar le hizo adentrarse en la portería y engancharse en las redes, como un pescado luchando por librarse de su captura. La fuerza con la que arremetió el ariete tiraba abajo el marco de madera que caía presa de un huracán llamado Laumen.

video

El partido fue suspendido, siendo el Werder Bremen el ganador oficial. La Federación Alemana consideró que era responsabilidad del equipo local proporcionar una segunda portería de repuesto, por lo que fue multado con 1.500 marcos alemanes.

Laumen y el palo roto en Bökelberg
Laumen, enrededado en las mallas de la portería caída.
La segunda ensaladera del Borussia no corrió peligro, a pesar de no conseguir los dos puntos aquella jornada, dado que los resultados favorecieron los intereses del Gladbach. pero este insólito momento del fútbol germano sirvió para que la Bundesliga obligara a todos los clubes a cambiar sus travesaños y palos de madera por los de aluminio, además de tener una portería de sustitución.

Una parte de los restos de aquel carcomido poste de madera se exhiben, actualmente, en una urna en el nuevo estadio del Borussia, como una de las joyas del museo que fueron testigo de uno de los episodios más curiosos del club y protagonizado por uno de sus mejores delanteros, Laumen, que junto a Heynckes comanda la clasificación histórica de goleadores del Mönchengladbach.


El arco de Jorge Campos

El Mundial de Estados Unidos también vivió un capítulo semejante a los 20 minutos del duelo de octavos de final entre Bulgaria y México, en el impresionante Giants Stadium de Nueva York. Era el 5 de julio de 1994.

El hábil y veloz Hristo Stoitchkov había abierto pronto un marcador que quedaba nivelado, poco rato después, con el lanzamiento magistral de García Aspe a la escuadra, desde los once metros.

Un saque de esquina botado por Balakov y prolongado por Kostadinov hacia el área encontraba la oposición de Marcelino Bernal, quien cabeceaba providencialmente para despejar. La fuerza con la que apareció el futbolista, le hizo adentrarse en el arco defendido por el excéntrico Jorge Campos hasta engancharse con las mallas.

Antes de caer al suelo, Bernal se había agarrado al lateral de la red forzando la barra superior de la portería, la que mantenía fija la malla, destensándola. Para evitar contratiempos, la organización del Campeonato del Mundo sustituyó la protería por otra nueva en un vertiginoso relevo que apenas llevó siete minutos.




Los 75 minutos más bochornosos de la historia del Real Madrid
El rendimiento ofrecido por el Real Madrid en la campaña 1997-98, dirigida por Jupp Heynckes, estaba resultando muy deficiente. El Alavés había echado a los merengues de la Copa del Rey y en Liga eran incapaces de aguantar el ritmo del Barcelona de van Gaal. La plantilla parecía abocada a la suerte que deparara la aventura continental. Un riesgo para un club que llevaba 32 años sin levantar la 'orejona', desde 1966, con el sexto título sumado por Gento para el equipo de Chamartín.

La Copa de Europa se había convertido en una obsesión tanto para el presidente Lorenzo Sanz como para gran parte de los seguidores blancos, para quienes la conquistas del máximo cetro europeo permanecían olvidadas en antiguas fotografías en blanco y negro.

Por ello, el mandatario blanco había reunido una plantilla de garantías mezclando a hombres de la casa -Sanchís y Raúl-, con futbolistas nacionales de gran peso en el vestuario -Amavisca, Morientes y Hierro-, junto a grandes fichajes foráneos -Panucci, Roberto Carlos, Mijatovic, Seedorf, Suker, Redondo o Illgner-. El papel de secundarios lo ofrecían, de manera notable, Karembeu, Víctor y Fernando Sanz, hijo del presidente.


El duro camino hacia Ámsterdam
El Real Madrid había superado cómodamente la primera fase, liderando un grupo formado por Rosenborg, Olympiacos y Oporto, cediendo sólo una derrota en su visita a Noruega. Europa asomaba en el horizonte como la única posibilidad de convertir un año desastroso en una temporada buena o inolvidable, dependiendo del resultado en la Champions. Una apuesta complicada, de las que pocas veces se saca rédito.

El Bayer Leverkusen era el contrincante de cuartos de final. Una aspirina para mitigar los dolores de haberse quedado fuera de los dos torneos nacionales -Liga y Copa-. El empate en Alemania y el triunfo en casa, por 3-0, permitían a los madridistas plantarse en semifinales contra otro equipo germano: el Borussia Dortmund.

A pesar de que los negroamarillos eran los campeones vigentes del torneo, se daba por bueno el emparejamiento, dado que los de Dortmund habían eliminado al Bayern Múnich, la 'bestia negra' del Real Madrid.


La portería del fondo sur
El 1 de abril de 1998, mientras los jugadores formaban y el himno de la Champions League sonaba, un centenar de hinchas situados en el fondo sur, pertenecientes a la peña Ultras Sur, se subían a la valla metálica situada detrás de la portería. La valla cedía y con ello se llevaba el rudimentario sistema de sujeción de la red, que estaba enganchada a la propia reja, debido al efecto dominó, la portería se derrumbaba contra la verde lona como un púgil golpeado. 

Eran las 20:44 horas. El bochorno estaba a punto de arrancar. Jupp Heynckes asistía atónito desde el banquillo, reviviendo otra experiencia similar a la que ya había padecido con Laumen en 1971.


Alrededor de la portería caída, como si fuera un cadáver al que analizar, aparecieron numerosos operarios y trabajadores del club, que se movían nerviosamente, revoloteando despistados sin poder dar una solución. La idea de devolverla a su sitio a través de un taco de madera era inviable.

Después de muchos minutos de duda, se decidió acudir por una de las porterías de entrenamiento que había en la antigua Ciudad Deportiva, donde se encuentran actualmente las Cuatro Torres. Es decir, a dos kilómetros de distancia del Bernabéu.

Agustín Herrerín, actualmente delegado de campo, capitaneó aquella aventura en la que intervino también la policía y dos colaboradores de lujo que ejercieron de porteadores y a los que el Real Madrid compensó posteriormente económicamente . Hubo que regatear todo tipo de obstáculos físicos para recoger la portería y subirla a un camión con dirección al Santiago Bernabéu, sirenas incluidas y en dirección contraria. Más propio de una comedia que de un prólogo de un partido de Copa de Europa.

La operación de emergencia duró 75 minutos y estuvo cerca de suponer la eliminación madridista por suspensión del encuentro, y que finalmente 'sólo' costó una sanción económica y un partido de suspensión. Un mal menor ante el severo castigo que podría haber sido la derrota en los despachos.



Con el visto bueno del colegiado Mario van der Ende a la nueva portería, que quedaba anclada provisionalmente, se iniciaba el partido, con más de una hora de retraso, donde Morientes y Karembeu fueron los autores de los dos goles, renta suficiente para acceder a la final, dado que no se pasó del empate a cero en el Westfalenstadion.

La Séptima Copa de Europa pasaba de ser una opción a ser una realidad. Una realidad que tomaba forma definitiva en Ámsterdam a través de Mijatovic, con la Juventus y Zidane enfrente, un enemigo muy íntimo que escribía aquel capítulo ejerciendo de villano antes de ser parte de la historia del Real Madrid como héroe. Una historia que pudo haber tenido un colofón diferente sin la presencia de Agustín Herrerín.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Eduard Streltsov, el Pelé ruso torpedeado por el Soviet

Grandes talentos del deporte destinados a brillar han terminado, en muchas ocasiones, olvidados en el cajón de estrellas que pudieron ser y que nunca fueron. El caso de Eduard Strelstov (Стрельцову, en alfabeto cirílico) cumple en parte con esta máxima. Un jugador con clase suficiente para asombrar en la Unión Soviética y prometer capítulos legendarios en las Copas del Mundo, capítulos que nunca se llegaron a escribir.

Eduard Strelstov, child, niño

La gris juventud de Streltsov
Eduard Streltsov nació en los suburbios de Moscú, en 1937, en el seno de una familia rota por la Segunda Guerra Mundial. Su padre, militar, había preferido rehacer su vida en Ucrania tras el conflicto bélico dejando a su madre, trabajadora de la metalurgia, el doble papel de progenitora.

Streltsov mostró enseguida detalles de su calidad futbolística dentro del equipo de la fábrica de su madre. Una clase que no pasó desapercibida para los ojeadores del Torpedo, quienes quedaron prendados de su juego tras enfrentarse los juveniles de la entidad blanquinegra.

A pesar de que son muchas las personas que afirman la pasión de aquel joven por el Spartak, Streltsov no desperdiciaba la oportunidad de ganar unos cuantos rublos a costa de otro de las grandes instituciones de la capital. El Torpedo abría las escotillas en 1954 para recibir a uno de sus representantes más legendarios.

rublos soviéticos

La URSS, dominadora de los Juegos Olímpicos
El deporte fue siempre uno de los vehículos preferidos de propaganda del régimen comunista. Una manera de mostrar su superioridad frente a los países occidentales. La creación, en 1951, del Comité Olímpico de la URSS daba el pistoletazo a los atletas para luchar por el medallero en los JJ.OO.

El segundo puesto obtenido por los soviéticos en Helsinki 1952 era el precedente para arrebatar el cajón más alto a los propios estadounidenses, durante la cita siguiente, la de Melbourne 1956, una edición donde el fútbol contribuía al éxito del 'ejército rojo'.

La edad de oro de la selección soviética
El combinado de fútbol afrontaba con sigilo la edición olímpica australiana, dado que cuatro años antes había caído en los octavos de final ante Yugoslavia, demostrando que para colgarse el oro había que ser muy constante en todo el torneo.

URSS en los JJOO

La convocatoria olímpica de fútbol de la URSS, en 1956, se compuso exclusivamente de futbolistas de escuadras moscovitas, con representantes de los cuatro clubes más importantes de la capital: Spartak, Dynamo, CSKA y Torpedo.

En aquella lista destacaban Lev Yashin (portero, Dynamo), -la llamada 'araña negra', balón de oro en 1963-, Igor Netto (capitán y 'todocampista', Spartak), Anatoli Ilyin (delantero, Spartak) -autor del primer gol de la historia de la Eurocopa, en 1960-, Valentín Ivanov (delantero, Torpedo) -máximo goleador en el Mundial de 1962-, Nikita Simonyan (delantero, Spartak) o el jovencísimo Streltsov, 19 años, una de las figuras del Torpedo y pichichi del campeonato soviético el año anterior, en 1955.

Los soviéticos disfrutaron en estos años de su mejor etapa como selección nacional -antes de su último partido oficial, disputado en 1991-, una edad dorada que se confirmaba al ocupar el pódium en los JJ.OO de Melbourne., tras vencer a Yugoslavia en la final por 1-0, y al coronarse como campeones de Europa en 1960. Un triunfo que no fue disfrutado por Streltsov, dado que su vida iba a sufrir un drástico cambio que le iba impedir acudir tanto a esa cita como a la Copa del Mundo de 1958, donde hubiera destacado como una prometedora estrella.

Eduard Streltsov, el genio enjaulado
Streltsov se había convertido en una de las referencias del Torpedo y apuntaba a llevar la misma responsabilidad en la cita mundialista de Suecia (1958), donde se encontraría con Pelé, el espejo con el que muchos reflejaban a Streltsov.


Dos semanas antes de que la URSS hiciera las maletas, Streltsov fue inculpado de abusar sexualmente de una chica de 20 años de edad. A pesar de que no existían pruebas concluyentes ni la acusación contaba con una base firme, el proceso siguió adelante. Incluso recibió la promesa de un trato de favor y permitirle acudir a la Copa del Mundo si se autoinculpaba. Streltsov aceptó su condena esperando el gesto de las autoridades, el cual nunca se produjo.

Los doce años en Siberia claudicaban el meteórico ascenso deportivo de la nueva joya del fútbol ruso, un diamante sin pulir que se quedaba encerrado en una caja. Los rumores de conspiración contra él surgieron desde el primer momento. Un comentario ofensivo hacia una de las amigas personales de Nikita Krushev -Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética- pudo ser el detonante, como también la imagen 'moderna' y los aires de libertad del propio Streltsov. Una amenaza rebelde vestida de futbolista.


Regresa con la fuerza de un 'torpedo'
En 1963, el Secretario General del Comité Central, Leonid Brezhnev, levantaba la sanción que quedaba finalmente en cinco años de servicio en un campo de trabajo. Tiempo suficiente para perder algo de agilidad e insuficiente para desprenderse de su magia y olfato goleador, cualidades innatas en él.

El regreso de Streltsov en 1965 no pudo coincidir en mejor momento para la institución. Los blanquinegros del Torpedo sumaban el segundo entorchado de su historia y, tres años después, en 1968, una Copa de la Unión Soviética. Además, era honrado con el título de mejor jugador del país en dos ocasiones -1967 y 1968-.

El legado de un mito soviético
La figura de Streltsov en occidente es bastante desconocida. La imposibilidad de disputar un Mundial, escaparate por aquel entonces del fútbol internacional, impidió a todo el planeta degustar del arte de un icono cuya imagen sigue intacta en Rusia. No en vano, los taconazos son llamados como el 'pase Streltsov' y el estadio del Torpedo lleva su nombre.

campo de Torpedo de Moscú, Eduard Streltsov

A pesar de no disfrutar de una carrera continuada, y haber sufrido un cautiverio, los números de Streltsov corresponden al de una leyenda: 100 dianas para el Torpedo -segundo máximo artillero de la historia del club- y 25 tantos con el combinado nacional, de 38 partidos jugados -cuarto mejor goleador de la URSS y primero en promedio-.

La búsqueda del reconocimiento
Streltsov fallecía a causa de un cáncer, en 1990, con apenas 53 años de edad. Siempre defendió su inocencia, mantenida hasta el final de los días por sí mismo y su familia. Una lucha secundada por el maestro ajedrecista Anatoli Karpov, quien lidera desde 2001 el 'Comité Streltsov', encargado de esclarecer el caso, aunque sea a título póstumo.


El reconocimiento a su persona siempre estará presente también con los premios que se otorgan en su nombre, los Strelyets, a los mejores futbolistas y entrenadores de Rusia. Otro de los logros conseguidos en estos últimos años ha sido reclamar la medalla de oro para la familia, metal que no pudo lucir Streltsov por no participar en el once titular de la final de Melbourne.

estatua de Streltsov

Varias estatuas recuerdan por Moscú al llamado 'Pelé ruso'. Una de ellas cerca del Olímpico Luzhnikí y otra adorna los alrededores del feudo del Torpedo, el estadio que lleva su nombre. Es raro el día que su tumba no amanece adornada con flores y, según argumenta The Guardian, incluso Marina Lebedeva, la mujer supuestamente violada por Streltsov, apareció por el cementerio en alguna ocasión.

Suspicacias aparte, lo único que hasta ahora que es real, es que aquel turbio episodio frenó una de las más prometedoras trayectorias individuales del balompié soviético. Un moscovita bohemio con alma de '9' y la elegancia de un '10': un 'Pelé ruso'.

sábado, 1 de marzo de 2014

El curioso torneo de fútbol del bicentenario de los EE.UU.

Las celebraciones que se produjeron con motivo del bicentenario de la Declaración de independencia de los Estados Unidos -redactado en Filadelfia el 4 de julio de 1776- tuvieron su reflejo en un deporte que estaba empezando a brotar en el país: el fútbol, cuyo torneo internacional pasó a la historia del balompié por su singularidad.

declaración independencia Estados Unidos

La fiesta del bicentenario
El día de la independencia ('independence day') es una de las festividades más tradicionales en el calendario estadounidense, junto al 'Día de Acción de Gracias' -que se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre-. A diferencia de ésta, el 4 de julio tiene un componente más patriótico y menos familiar.

La declaración de independencia de las trece colonias respecto a la metrópoli británica ha estado presente en la cultura universal gracias al cine o incluso al deporte, donde los Philadelphia 76ers homenajean el lugar y la fecha con su apodo. 

La organización del bicentenario se esmeró en los eventos, algunos de los cuales se desarrollaron durante un año antes. Entre ellos, el denominado Tren de la Libertad Americana que recorrió, durante 21 meses, 48 de los 50 estados, exceptuando Alaska y Hawai.

Numerosas personalidades internacionales, entre ellas la reina británica Isabel II, visitaron Estados Unidos en 1976, que por aquel entonces estaba bajo la presidencia de Gerald Ford, y que contó con una nueva bandera conmemorativa izada junto a las barras y estrellas.


El 'soccer' se profesionaliza en Estados Unidos
El Mundial de 1966, disputado en Inglaterra, relanzó la fe de varios patrocinadores norteamericanos por promover definitivamente un proyecto de 'soccer', palabra con la que se conoce al fútbol en Norteamérica y proveniente del término asociación (soc). El problema fue que surgieron dos ideas paralelas -National Professional Soccer League (NPSL) y la United Soccer Association- que convivieron hasta fusionarse en una sola liga.

En diciembre de 1967 se tomaba la decisión de juntar sendos torneos bajo el nombre común de la NASL (North American Soccer League). Un campeonato formado por 17 franquicias que duró hasta 1984.
    La llama por el fútbol en Canadá y EE.UU se reavivó definitivamente con el Mundial de 1994 y la confección, un año antes, de la MLS (Major League Soccer), una Liga que debe mucho tanto a la NASL como a este torneo de exhibición de 1976.


    Inglaterra e Italia, libres de compromisos internacionales
    La Eurocopa de 1976 contó con una criba motivada por la fase de clasificación previa, en formato de liguilla, y una ronda de cuartos de final para dejar finalmente un póker de candidatos al triunfo: Yugoslavia, Checoslovaquia, R.F.A. y Países Bajos, en una fase final que se celebró en el propio país balcánico.

    Italia e Inglaterra habían caído a las primeras de cambio, en las preliminares. Los ingleses fueron segundos en un grupo comandado por Checoslovaquia, a la postre campeón merced al mítico penalti de Panenka, mientras que los transalpinos habían vivido una intensa lucha junto a Holanda y Polonia por el liderato, que recayó en los tulipanes.

    La consecuencia de todo ello era que ambas selecciones estaban libres de todo tipo de compromisos internacionales para aquella primavera del 76. Circunstancia que permitió aceptar la propuesta norteamericana de disputar la Copa del Bicentenario Norteamericano.

    torneo del bicentenario, 1776

    Los anfitriones se nutren de grandes estrellas
    Inglaterra, Italia, Brasil y el denominado 'Team America' -como anfitrión-, formaron parte del cuadrangular de exhibición de 1976. Con el fin de equiparar las fuerzas, y dado que EE.UU. no poseía un equipo potente, se nutrió al conjunto 'yankee' de importantes futbolistas de la NASL:
    • Pelé (Brasil)
    • Ramón Mifflin (Perú) 
    • Mike England (País de Gales)
    • Giorgio Chinaglia (Italia)
    • Bobby Moore (Inglaterra)
    • Tommy Smith (Inglaterra)
    • Keith Eddy (Inglaterra)
    Un plantel que se pudo incrementar con George Best (Irlanda del Norte) y Rodney Marsh (Inglaterra), quienes se cayeron de la lista por distintos motivos.

    Un torneo de 8 días
    El torneo del bicentenario arrancó en mayo de 1976. La idea de este curioso campeonato era disputar los duelos en tres jornadas y en seis sedes distintas cargadas de gran simbolismo. Se empezó en la capital para pasar por Nueva York, sede de los míticos Cosmos, y concluir en Filadelfia -ante Inglaterra, en el lugar de la firma de la declaración de independencia- y New Haven -primera ciudad planeada del país, cuna del fútbol americano y hogar de la Universidad de Yale-.


    El espectáculo estaba garantizado, ocho días -desde el 23 al 31 de mayo-, en los que ofrecer una exhibición de fútbol con tres selecciones campeonas del mundo y un combinado nacional con estrellas internacionales de la liga local norteamericana.

    A decir verdad, deportivamente no dejó grandes momentos, pero sí que quedaron imágenes para el recuerdo: como Pelé, Chinaglia o Moore defendiendo los colores del 'Team America' ante sus selecciones -cuyas federaciones no reconocieron estas citas como oficiales-, Inglaterra vistiendo por primera y única vez de amarillo o contemplar un partido de fútbol sobre un campo de béisbol.

    Nota: En la imagen podemos apreciar a Moore y Pelé con la camiseta roja del 'Team America', una indumentaria que parece similar pero que es a la vez distinta. Moore lleva las tres rayas de Adidas y Pelé la franja de Puma, una situación nada habitual en el fútbol que sí se aprecia en otros deportes como el tenis, en la Copa Davis. 

    En medio de ambos, Francis posa con la equipación oficial de Inglaterra, confeccionada por Admiral en un sorprendente tono amarillo pálido. Las marcas deportivas estaban viviendo su primera edad de oro, faltaba dar el salto al público.

    Bobby Moore, Gerry Francis y Pelé, antes del duelo entre el 'Team America' e Inglaterra.
    Fútbol sobre béisbol
    Uno de los platos fuertes del cuadrangular fue el choque entre Inglaterra e Italia. El original emplazamiento elegido para la ocasión fue la casa de los Yankees de Nueva York, sobre el legendario césped del Yankee Stadium.

    Foto aérea del Yankee Stadium, tomada por Severin St. Martin
    La llamada catedral del béisbol había sufrido en 1976 una profunda remodelación, la última antes de su definitivo traslado -realizado en 2008-. La característica forma de diamante del perímetro ofreció singulares imágenes de aquel Inglaterra-Italia.

    Alienaciones del partido:


    Los 'pross', dirigidos por Don Revie -mítico entrenador del Leeds United-, vencieron por 3-2 con 40.000 espectadores en el Bronx, siendo la mejor entrada de los seis encuentros disputados en esta Copa. Graziani, delantero del Torino, adelantó a Italia con dos tantos que fueron remontados en el segundo acto.

    Casualidad, o no, los cinco goles se marcaron en la portería que tenía césped, donde no había que superar los obstáculos compuestos por el montículo del pitcher, las tres bases y la zona de arena alrededor del denominado infield.
     
    'Fútbol sobre béibol' en 1976.

    Brasil se alza con el torneo
    Otro de los encuentros a destacar fue el duelo entre Brasil e Italia, en la tercera fecha, saldado con 4-1 a favor de la 'verde-amarela', repitiendo el resultado de la final de 1970. Fue un partido duro, con cuentas pendientes, reflejado en las tres expulsiones: Causio, Bettega y Lula, la cual llegó a interrumpir el choque durante un cuarto de hora por las protestas. Incluso se produjo una invasión de los integrantes de ambos banquillos al campo con constantes conatos de peleas y discusiones. Todo ello, con la presencia de Henry Kissinger en el palco, Secretario de Estado, y gran seguidor del fútbol, aunque brillara por su ausencia aquella tarde en New Haven.

    La 'canarinha' fue el único combinado capaz de ganar los tres compromisos, por lo que se llevó tanto el trofeo como el galardón a mejor anotador, que recayó sobre la figura de Gilberto Alves, jugador de Fluminense y autor de 4 dianas, por delante de los tres tantos de Graziani o los dos de Fabio Capello y Kevin Keegan.

    A pesar de la colección de estrellas, el 'Team America' perdió todos los encuentros y sólo marcó un gol, el conseguido por Stewart Scullion frente a Inglaterra. El futbolista escocés se hizo con un hueco en el once merced a su gran rendimiento en la NASL con Tampa Bay. Un hueco en el que no entró este cuadrangular llamado a ser histórico y que con el paso del tiempo es visto más como un evento de poco fútbol y grandes anécdotas. 

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